¿Qué le pasa a Podemos?

La campaña de las becas contra Iñigo Errejón, la de la productora sin ánimo de lucro contra Pablo Iglesias y la entrevista en El Objetivo de Ana Pastor al recién nombrado secretario general han marcado un punto de inflexión en la estrategia de comunicación de la formación que hoy ganaría las elecciones, según una encuesta de El Mundo. Y esa es otra, el uso del miedo.

Podemos se encuentra ahora mismo inmerso en el cambio de su estrategia y en redefinir cómo va a actuar en el futuro más inmediato. Por un lado los medios que hasta ahora le han puesto un altavoz en la mano para que predicara su mensaje sin tapujos, ahora le ponen contra las cuerdas. El interregatorio al que sometió la conductora de El Objetivo a Iglesias marca cómo va a ser la actitud de los medios con respecto a la formación de ahora en adelante. También, muestra de ello es el programa de la Sexta Noche del pasado sábado: tertulianos poniéndo en boca de los encargados del programa económico de Podemos afirmaciones falsas y al economista de cabecera del programa, José Carlos Díez repitiendo el argumentario del PSOE. Es por ello que no extraña que la dirección del partido decidiera no asistir al programa de esa misma noche en Telecinco. Es una estrategia precavida y orientada a cuidar su reputación.

En estos momentos los estrategas de Podemos, con Errejón a la cabeza, se encuentra volcados en cuerpo y alarma en establecer un nuevo rumbo en el uso de los medios. de mayor audiencia, muy diferente al adoptado hasta el momento, el de cuanta más presencia mejor. Ahora tienen que analizar con lupa cada intervención y ponderar si es rentable en términos de imagen o no. Una señal del trabajo al que se enfrenta la formación actualmente es la decisión de Iñigo Errejón, director de campañas y en buena parte culpable del éxito de Podemos, de no asistir a un seminario y a una conferencia en la Universidad del País Vasco. A primer vista parece que quieren ocultar al recién nombrado número dos de la formación por la reciente campaña contra su persona, pero si miramos más allá se percibe que más que por eso, es por una cuestión de prioridades. Y ahora lo más importante es centrarse en preparar una estrategia con la que continuar su campaña de comunicación.

Podemos cuenta con pocos medios. Un equipo joven y sin mucha experiencia que debe hacer frente a su objetivo principal: ganar las elecciones generales, en un momento en el que todos le dan como ganador, fruto a una clara estrategia para movilizar el voto de los abstencionistas.

Todo el poder económico y político del país esta movilizándose contra la formación. La potente maquinaria de propaganda con la que cuentan para destruir a la formación, antes de que sea demasiado tarde, se ha puesto en marcha y Podemos, sin una buena estrategia en lo que es la base de su éxito -los medios de comunicación masivos- va a tener muy difícil hacerle frente.

No hay que olvidar que los medios privados tienen dueño y que estos tienen poco interés en que Podemos pueda. Tampoco, que los recursos de los partidos políticos son muchos más numerosos, en lo que respecta a profesionales de la comunicación y equipos muy preparados para contrarrestar la ola morada. Además, y por sino fuera poco, estos se están empezando a organizar para remar en la mismo dirección, y alejarse de las críticas inútiles y contraproducente que estaban usando en los últimos tiempo. El País, por ejemplo, ha cambiado su enfoque y sus ataques hacia formación son ahora mucho más sutiles e inteligentes. Muestra de ello es el artículo que firma Javier Ayuso (ex del BBVA y de la Casa Real) “Podemos agita a los empresarios”. Que en realidad quiere decir: “pongámonos de acuerdo para acabar con ellos ”

Sin duda son tiempos difíciles para Podemos, nótese que me resisto a usar el término de crisis que a algunos les interesa proyectar, y su gestión determinará sus posibilidades y capacidad para gobernar un país. “Lo que nos mata nos hace más fuertes”, dicen.

Podemos: el aikido como estrategia de comunicación

“La mejor defensa es un buen ataque”, decía Poniatowski, mariscal al servicio de Napoleón. Pero una mal ataque, en el que los encargados de defender la retaguardia ponen en evidencia al rey, dejan las vergüenzas al descubierto. Si la estrategia de comunicación de Podemos roza lo impecable, la del PSOE, más allá del cambio de cara, hace aguas por todos los sitios y deja en evidencia la crisis de los socialistas.

Susana Díaz desde Andalucía, con el apoyo de un gran séquito de medios alineados con el mismo interés, ha tomado las riendas para frenar el auge de Podemos, que en la últimas encuestas se postula como la primera fuerza política en España.

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Dice mucho del inmovilismo estratégico, impotencia y escasa capacidad de respuesta de los socialistas el uso de este argumento. Cuando hablar del pasado de sus líderes no funciona, apelar a su esencia de izquierda radical no conseguir sacar una mueca en sus caras y  vincularles con Venezuela o ETA sólo consigue darles más votos, la estrategia pasa por desvirtuar el discurso del partido que ha revolucionado el bipartidismo.

Uno de los rasgos que diferencian a Podemos del resto de partidos es que promete gobernar con hechos y no con palabras, aboga por la transparencia, y establece mecanismos para no depender de la confianza como antídoto ciego ante la corrupción. Es por ello que el PSOE concentra sus esfuerzos en derribar estos pilares recién construidos, y aún en obras, para que el partido que lidera Pablo Iglesias no construya un fortaleza inconquistable. Así lo muestra la reclamación al líder de Podemos de Pedro Sánhez el jueves para que aplique con su compañero en la dirección del partido Íñigo Errejón “la ejemplaridad que tanto predica”. Pero los socialistas y Susana Díaz han entendido tarde la importancia de la lucha por el lenguaje. Un flanco descubierto que Podemos supo ver, aprovechar y hacer de su manejo la clave de su éxito. Una lucha que el PSOE no sólo perdió hace tiempo, sino que siquiera se presentó.

No voy a repetir aquí la respuesta de Errejón. Pero tanto en Al Rojo Vivo como en Hoy por Hoy  podéis comprobar la rapidez, claridad y eficiencia con la que ha atajado la campaña contra su persona. No extraña, y da muestra del temor del establishment, que esta se produzca cuando el director de la eficaz campaña para las europeas de Podemos se convierte en el número dos del partido, gana exposición mediática y comienza a forjarse una buena reputación. Pablo Iglesias -como Messi- sólo hay uno, y es la cabeza más visible del partido; pero no gusta a todo el mundo. Iñigo Errejón, más joven, ofrece un carisma y liderazgo diferente. Ilusiona, permítanme de nueva la odiosa comparación, se equipara con Neymar, y ofrece una alternativa para aquellos a los que Podemos llega, pero que Iglesias no convence. Y claro, a algunos les entra el miedo.

Si algo caracteriza al partido, y el caso de Errejón es solo un ejemplo, es la estrategia con la que afrontan sus crisis. Transparencia, sinceridad y comunicar con hechos más allá de las palabras para contradecir las críticas. Recuerda al aikido, en el que llegado el caso, el practicante busca defenderse con proporcionalidad, con firmeza pero con serenidad, procurando mantener el respeto hacia sí mismo, impidiendo que la propia rabia o miedo lleguen a dominarle. Usar y absorver la fuerza del ataque para defenderse es la estrategia de comunicación que usa Podemos, y da resultado.

El que calla otorga

Una vez más la propaganda del Gobierno contra los inmigrantes cala de manera imperceptible en los medios de comunicación.“Es evidente que entre esas avalanchas de inmigrantes irregulares se cuelan también terroristas yihadistas, vamos a decirlo claramente”, señaló Jorge Fernández Díaz tras reunirse con el nuevo comisario europeo de Inmigración, Interior y Ciudadanía, Dimitris Avramopoulos.

La afirmación, que proviene de una nota de EFE y que corre como la pólvora en medios como El Mundo, La Vanguardia, lainformación.com u otros muchos, no está respalda por ningún dato, ni una sola prueba. Este pequeño matiz, que resta total credibilidad al ministro sólo leo en Desalambre.

Para entender el motivo de las declaraciones y la intención del ministro con ella hace falta remontarse justamente nueve meses. Entonces, 15 personas (inmigrantes irregulares que dicen algunos) murieron ahogadas tratando de acceder a España desde Marruecos. (Tragedia en Ceuta) El Gobierno puso entonces en marcha una estrategia de propaganda, de la que ya he hablado aquí muchas veces, para vender una situación de alarma en la frontera que justifique las medidas adoptadas. Entre ellas están las devoluciones en caliente (expulsiones ilegales que llevan tiempo produciéndose y que el Gobierno trata ahora de legalizar)

Los malos tratos en la frontera, documentados gracias a PRODEIN, es otra de las realidades que Interior pretende ocultar. La comisaria europea de Interior envió el 24 de octubre una dura carta a Fernández Díaz pidiendo explicaciones sobre “los malos tratos” recibidos por los inmigrantes en la valla de Melilla. El Gobierno dijo que respondería a la carta cuando la entonces comisaria, Malmström, fuera sustituida por el recién nombrado Dimitris Avrampoulos. Y así lo hizo ayer ante la prensa con las citadas declaraciones (entre otras) en una reunión en París.

Una vez más, el Gobierno marca la agenda informativa de los medios, gana la batalla por el lenguaje que más le conviene para sus intereses e inyecta en la opinión pública el virus del odio, que no me cansaré de repetir, genera violencia. Adoctrina a la sociedad en base a una realidad manipulada de ataques en la frontera, que genera una percepción sesgada de la inmigración irregular.

Quiero destacar que esta misma semana el Comité Español de ACNUR ha reunido a profesionales y periodistas para alertar sobre el peligro de este lenguaje criminalizatorio, traar de evitar que la prensa use términos como “avalancha” o “invasión”  y mejorar el modo de informar sobre asilo e inmigración. También, la RED ACOGEque trabaja por conseguir que ninguna persona sea discriminada por su origen, impulsó un debate sobre el tratamiento de los medios en la inmigración. Fundamental hoy en día.

Crear grupos de presión y hacer lobby para cambiar el discurso contra el inmigrante, ganar el debate de la inmigración y contrarrestar la divulgación de ideas propagandísticas que culpabilizan a personas por verse avocadas a jugarse la vida por una mejor, se torna imprescindible.

El circo de la crisis del ébola

El Gobierno de Mariano Rajoy repatrió hace dos meses a dos contagiados por Ébola. No había garantías de que fuera seguro como ahora se ha demostrado, expertos desaconsejaban a todas las luces hacerlo sin los medios adecuados. Lo hicieron. Tras un par de rifi rafes por ver quién paga, presumir de patriotismo y unas cuantas noticias en las teles y periódicos internacionales para reflotar un poco la mermada Marca España la posición que entonces mantuvo el Gobierno se cuestiona y se exige por un lado, la búsqueda de
 
Hace cinco días: Primera infectada por Ébola fuera de África en España. Se abre la caja de Pandora y estalla la crisis. El patriotismo se convierte en un boomerang contra la imagen de España. Todas y cada una de las cadenas internacionales lo recogen. Aquí, los medios se movilizan y exigen respuestas que nadie da. La desinformación inunda el país. No hay un mensaje institucional claro, ni un posicionamiento oficial definido, ni siquiera un portavoz o un gabinete en crisis serio. Nada. Una de las crisis más graves y trascendentes para la reputación del país no se está afrontando, como todas las demás, vaya. España está en la mira internacional, los periodistas -ávidos de información- necesitan algo que decirle a la opinión pública. Tranquilizarla, evitar la alarma y la histeria, que el pánicos no se apodere. Esto es algo fundamental que va más allá de las fronteras de la información. La desconfianza de los mercados, la de los turistas extranjeros (principal fuente de ingresos del país), etcétera.
Rajoy intenta tranquilizar a lo lejos y lanza su primer mensaje vía Twitter (la herramienta más inmediata que existe) nada menos que 40 horas después. Con una ministra de Sanidad que no sabe qué decir sobre un enferma de cuya salud su ministerio es responsable. La que debería ser la cabeza visible y de referencia calla, mezcla mensajes, da ruedas de prensa sin imponer su autoridad y deja para el recuerdo un ridículo mayor al que Ana Botella hizo con Madrid 2020.
Mientras, un avispado Consejero de Sanidad se establece como portavoz improvisado y recorre los programas de televisión y radio culpablizando a la enfermera; dando a entender que quizá esté mintiendo cuando fue su Gobierno quién lo hizo. Estos dos son los errores de comunicación más básicos en una crisis: buscar responsables y mentir (este último es imperdonable). Javier Rodríguez lo hizo hasta en 14 ocasiones (con una soberbia que me impresiona). Repitió con un convencimiento que personalmente me apabulla que la culpa del contagio la tiene una enfermera que asistió a un enfermo que el Gobierno repatrió sin garantías, que el Ministerio recibió sin las instalaciones necesarias y que como expertos de la UE afirman, en un hospital que no está preparado para hacer frente al ébola. Por cierto, seguía sin haber un gabinete de crisis acorde al problema.
 
En este maremágnum de lentitud, desinformación, opacidad, duras estocadas a la Marca España y un largo etcétera de despropósitos, el presidente cambia la estrategia de comunicación y establece un portavoz visible, la vicepresidenta acompañada de ministros. Lo propio. La autoridad gubernamental al frente. No deja de ser tarde, no deja de llegar después de tantos errores que aún nadie ha pagado. Esta no fue una crisis accidental, como el katrina que costó una presidencia de los EEUU. El Ébola ha llegado a España por culpa de un Gobierno incompetente que entonces no supo gestionar la situación. Entonces habían pasado cinco días, seis hasta que el portavoz del comité especial para el ébola, Fernando Simón, ha dado una rueda de prensa. Las cosas -parece- que empiezan hacerse como se debe.
 

El circo de los medios

 

Pero si algo ha puesto en evidencia la crisis del ébola es la del Periodismo. Esa gran herramienta para cuestionar al poder.  Desde que comenzó la crisis algunos medios -hablo de los mecenas a sueldo de los bancos- han optado por ser meras plataformas de difusión de la frágil postura gubernamental; se han unido a su campaña de criminalizar a las víctimas y se han puesto en evidencia con la falta de rigor a la hora de tratar un tema tan sensible.
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Periodistas de El País que se cuelan en la planta del hospital donde está la víctima, portadas con poco respeto y menos interés informativo que sólo alimentan el morbo y se olvidan de todo derecho a la intimidad. Exclusivas de vergüenza como @la_informacion) <a href="https://twitter.com/la_informacion/status/520279421966897152">octubre 9, 2014</a></blockquote> <script async src="//platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>">esta de lainformación.com, debates como este que abre El Mundo: “¿Hay que responsabilizar a la auxiliar de enfermería en el caso del ébola?”, la vinculación de Voz Populi con Podemos, un largo etcétera de infortunios. Llamémosle así.
P.D:

El sparring del Gobierno en la crisis del ébola

Permítanme dudar y déjenme parar un momento a coger aire en “esta carrera de los medios por aparecer como único guardacostas del mundo real”, dice un artículo de opinión en La Vanguardia. Es necesario reflexionar sobre este espectáculo de fuegos artificiales y desinformación que lleva a cabo el Gobierno para dilucidar cómo tratan de manipularnos, una vez más, para que su responsabilidad aparezca depurada ante los ya cegados ojos de la opinión pública.

Leo un artículo muy recomendable de Laura Olías en el que analiza la estrategia de criminalización que Sanidad y algunos medios ha llevado y llevan a cabo contra la moribunda infectada de ébola para exculparse y depurar responsabilidades. Después, escucho en La Ser al Portavoz del PP en la Comisión de Sanidad, Rubén Moreno, decir que “las declaraciones del consejero son desafortunadas”. Rara vez se condenan unas palabras con tanta facilidad e inmediatez. No lo hicieron con las de Cañete ni con las del alcalde de Valladolid.

Las desafortunadas palabras de Javier Rodríguez, Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, de las que hablaba Moreno le han valido las críticas de toda la opinión pública. En el momento en el que la crisis se hacía mas insostenible para Sanidad apareció él para convertirse en el ‘sparring’ sobre el que volcar todos los ataques, ya sean en forma de indignación o peticiones de responsabilidad y dimisión.

Golpe tras golpe, y en más de 14 ocasiones, Rodríguez no ha tenido reparo en aguantar las estocadas, cual escudo que protege a Ana Mato de la ira de la opinión publicada y que le alivia de la presión de la opinión pública. Una estrategia, fortuita por la torpeza del Consejero o premeditada, en la que incluso Mariano Rajoy ha salido beneficiado dando una imagen de liderazgo. Entre algodones el presidente garantiza total transparencia (a pesar de que informa en Bruselas de datos sobre el ébola que oculta en España), pide tranquilidad y se esfuerza por mantener lo que él llama una comunicación abierta.

Lo primero que explican los asesores de comunicación en el primer minuto de la primera lección de cómo gestionar una crisis es que “no debes meterte con las víctimas bajo ningún concepto. Incluso aunque tengas razón”explica Luis Arroyo en otro artículo de lectura obligatoria. No puede ser que el Gobierno caiga en el mismo error de parbulitos de siempre. Piensa mal y acertarás, que dicen.

“Crece la indignación por la gestión de la crisis del ébola”, dice hoy convencido El Mundo en su portada. Y es que nos hemos indignado tantas veces dentro de un guión que conocen que saben cómo nos quejaremos y qué tienen que hacer para que tarde o temprano nos olvidemos.

El ébola, como explicaré en el siguiente artículo, se ha convertido en una patata caliente con efecto boomerang para la imagen que proyecta España en la comunidad internacional (Marca España). El PP trata de que se quemen los que menos pueden propagar el incendio en su partido. El PSOE, perro viejo que parece conocerse la jugada, ha propuesto que Rajoy presida un comité de crisis en el que también estaría la vicepresidenta y varios ministros, en un intento por infectar a sus oponentes del ébola que ellos mismos trajeron.

Pero lo que no podemos olvidar, y hay que recordárselo, es que la decisión ( exclusivamente) política de repatriar a territorio español a los misioneros infectados por ébola, que provocaron la de la enfermera, la tomó el Gobierno. Tampoco que durante la crisis la Sra. Ministra se encontraba en Cádiz de vacaciones y, después de la llegada del primer misionero enfermo, continuó de vacaciones allí. Tampoco es responsabilidad del Consejero de Sanidad, y menos de infectada, que España ni aparezca en las aportaciones por país para luchar contra el ébola, ni de los 15 o más despropósitos que han provocado esta crisis.

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Nota: Puedes enviar MEDICOS al 28033 para ayudar a Médicos Sin Fronteras a combatir el ébola en África occidental.

“Chao rapaciño. Cuídate”

Hasta mañana, le digo. Con la mentira del que sabe que ese día nunca llegara. Le despedía para siempre casi sin saberlo.

Hace menos de un año decidió enseñarme eso que él solía llamar “mis tierras”. Recorríamos pinos vigorosos y fuertes, como él, bajo el incesante sol que nunca le aplaco; con la sencillez que nunca le abandono.

Tan sólo unos meses después, me veía pidiendo un día libre darle una sorpresa, pero fue él quien me la dio a mi: pálido y decaído, mustio y delgado. Parecía que ya no le brillaban los ojos como antes, que le costaba más mantener la sonrisa que rara vez perdía. Él nunca paraba, siempre estaba al acecho de la causalidad, detrás de cada sombra recogiendo cada resto ya inservible para darle una vida mejor.

Las semanas pasaban despacio, y más para mi. Lejos de todo, también de él. Aprovechaba cada hueco para volver y regalárselo -regalárnoslo. Como sino hubiera mañana, vaya, cuando aún lo había… Exprimiendo un final tan prematuro que ni siquiera lo imaginábamos. Le enseñaba, y eso le enorgullecía, a que pretendo dedicar mi vida. “¿Vas a trabajar en una radio grande?”, me decía. Tras un par de horas logré explicarle, mientras yacía tumbado, eso que yo llamo cambiar el mundo. “Presumiré de mi nieto hasta el día que me muera”, asentía mientras se enorgullecía airadamente. Yo también lo hacía, pero en silencio.

Recuerdo ese momento en el que te dicen que alguien tiene fecha de caducidad, que su momento está escrito, que por mucho que quieras no puedes cambiar ni una sola coma de su condena. Añadir una palabra más… Odio, ahora sé que odio, esa sensación.

Cáncer es una palabra difícil de escuchar. Una palabra que sentencia, que no deja lugar a esperanzas. Es de esas palabras que te fulminan, te atraviesan el corazón, te conmocionan y te dejan aturdido.

También, cáncer es impotencia: no hay peor cosa que no poder hacer nada. No poder hacer más que escribir estas líneas. Llenar hojas de palabras vacías, sin destinatario, sin un objetivo más que el de liberarte de un sentimiento que te oprime.

La vida es así: imprevisible.

Hace pocas semanas fui yo quién me despedí de él -no, él de mi- sin saber si podría decirle adiós sin mentir. El último se lo dije por teléfono. Él oía, pero no respondía, sólo balbuceaba emocionado mi nombre con las pocas fuerzas que le acompañaban.

Ahora, en frío reflexiono sobre la tragedia a la que vinculamos la muerte. Nos han enseñado a sentir tristeza cuando alguien se va, materialmente. Entiéndame cuando digo que alguien que te ha cuidado, enseñado tanto y querido más nunca se va. Nos han malacostumbrado a derramar lágrimas en vez de a dedicar sonrisas. Nos han enseñado a que querer más es sentir más dolor: afligirnos más.

Los finales existen desde el mismo instante que los inicios, y lo sabemos. Por eso no quiero que hoy nadie me diga lo siento entre acostumbrado y compasivo. Tampoco que me miréis apenados, como hienas al acecho, esperando a que llore, ni que pretendáis que deje de bromear y de sonréir, como él hacía, porque os hayan enseñado que ‘así es la vida’. ¿Tan burda y simple? ¿En serio?

Por qué le despedís derramando lágrimas si él nunca dejo de sonreír. Por qué nos reunimos en una iglesia para llorar y decirle adiós, si para mi él nunca se irá. “Sólo nos queda su recuerdo”, dice el cura. Y le parece poco… “Era un gran hombre”, repite ya acostumbrado, como en bucle. Como si hubiera que recordarlo. Como si el “haberse ido”, que dicen, le hiciera mejor de lo que era.

Hoy le despido entre lágrimas de emoción, igual que al final de cada verano: con un “Chao rapació, cuídate”, un abrazo de los que él daba, de esos que paraban el mundo, y una de esas sonrisas sinceras que le caracterizaban. ¿Por qué me pedís que me olvide de eso? ¿para llorarle apenado? “La vida es tan sencilla -me intentaba enseñar él- ¿por qué se complican?”

Seré yo tan egoísta como para pensar que esto es lo que tenía que pasar, y que ha pasado, que cuando antes lo entiendas antes disfrutarás de la siguiente etapa. Una en la que sus anécdotas, lecciones y consejos serán siempre parte de ti. Quizá esta sea la última lección que él -ahora sí; llamémosle Ani- me dio sin saber que lo hacía.

En fin, rapaz. Yo no voy a derramar ni una lágrima que no sea de emoción, aunque me cueste. No voy a despedirme así de alguien que siempre me regaló su mejor sonrisa.

El inmigrante y la campaña del pueblo vasco

Otro capítulo más de un libro que a medida que avanza más páginas quema.  y que arde en las manos de los inmigrantes en Euskadi. Empiezo a cansarme de este juego que se traen desde el bando popular y sus compañeros nacionalistas con la inmigración. El bueno el feo y el malo, que dicen; el PP, los inmigrantes y el PNV. Ya he hablado aquí del uso que hacen los primeros de la inmigración -ese nefasto argumento electoral para rasgar un par de votos a costa de generar odio sobre un colectivo que no tiene la culpa de una crisis que si están. Pero el toma y daca entre estos autoproclamados superhéroes y villanos parece no tener fin.Sí, Javier Maroto es un racista (o nos vende ese disfraz con el que se camufla toda su cúpula). También el gobierno vasco se aprovecha de ello con su oportunismo anunciando una campaña contra el racismo días después de las palabras del edil, en la que el mensaje central parece un claro ataque al líder del PP. Todo hay que decir, la planificación de una campaña en favor de la inmigración en septiembre ya estaba prevista en el Plan de Publicidad de 2014 desde junio (página 27), y también su presupuesto.

Su objetivo es claro: sensibilizarnos, pero contra el PP: “Piensa bien tu opinión sobre la inmigración“, dice la campaña, “está en juego nuestra dignidad como pueblo“. Ahí esta el leimotiv. Quien dice pueblo, dice pueblo vasco, nación, nacionalismo, partido nacionalista: defensor de la dignidad. Me siguen, ¿no?. No sé qué creativo habrá tenido la estupenda idea del titular (ni siquiera aparece la agencia encargada en el citado Plan), sólo imagino que en el briefing (documento con las exigencias de la campaña) viene implícito eso del nacionalismo. La cosa no queda ahí, el Gobierno vasco fue denunciado por la similitud que guardaban los lemas del propio partido con los de la campaña institucional: ‘Compromiso Euskadi’ (claim del PNV en 2012) y ‘Compromiso con las personas’ (lema de la campaña de 2014). Allá cada cual.

“Los países, ese maravilloso invento para compartimentar la culpa: unidades de sentido que te hacen sentir mucho más cerca de un tipo que vive de este lado de la frontera que de su vecino tres kilómetros más allá. El mecanismo por el cual unas estructuras que llamamos estados consiguen que sus súbditos tengan, en general mas que los de otras estructuras semejantes”. ¿Van entendiendo?

El nacionalismo: esa incuantificable banalidad, la panacea para el que no quiere ver. “La nacionalidad es una reducción de la humanidad: la legitimidad del egoísmo. Si se acepta que tengo que ser más solidario con el grupo de los que tienen el mismo documento que yo, el principio de exclusión ya está sentado. Quien excluye a los de otro país, puede por el mismo procedimiento excluir sin mucha dificultad a los de otra provincia, religión, o raza…”

Ya vale de esta guerra en la que todos menos el feo ganan, donde cada intercambio dialéctico cuenta para las victoria de las municipales. Empiecen a desmontar los prejuicios transformados en bulos falsos con cifras. Derriben los clichés contra la inmigración. Déjense de cuñas en radio, carteles en marquesinas y  faldones a color en los periódicos. Así no va el tema.

No es cierto que los inmigrantes vengan a aprovecharse de nuestro estado de bienestar, ni a quitarnos el trabajo. Las personas, como ustedes y yo, no dejan sus casas y recorren miles de kilómetros para mendigar en las calles o robar un par de carteras. Sí es cierto que debemos de ser más estrictos con los que delinquen, pero también que habríamos de facilitar a aquellos que tengan ganas de trabajar el derecho a hacerlo, para evitar que sean objeto de explotaciones e injusticias y puedan tener la opción de seguir generando riqueza, como hasta ahora.

Tenemos que esforzarnos en abandonar los prejuicios -erróneos- sobre el inmigrante indocumentado que componen nuestro sistema, e integrarles en él. Empezando por aceptar a sus niños para que crezcan fuera de la contaminación que genera nuestro ya amasado odio, y continuar desintoxicando nuestras ideas con la pureza que supone conocer los beneficios de la inmigración: riqueza, variedad étnica, innovación, esfuerzo, ingresos, estabilización de los sueldos. etc.

“Reflexiona”, debería apelar la campaña: “No eres mejor por pertenecer a uno u otro pueblo”.
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Nota: El programa del Gobierno vasco en el área de inmigración se marca cuatro objetivos claros hasta 2016. De momento, el éxito se mide con cuentagotas.

¿Quién no ha escrito sobre Pedro Sánchez?

El que no haya escrito sobre Pedro Sánchez que tire la primera piedra:

El País le dedica una página, El Mundo, una, dos y hasta tres (esta de Luis Arroyo no se la pierdan), también ABC. Desde eldiario.es abren debate y lo dan por hecho con un artículo de Gonzalo Cortijo. En Público tratan de cerrarlo (no con mucho éxito, ese es el problema de auto obligarse a hablar de Pablo Iglesias) también la SER, que dedica una tertulia en A vivir, o en lainformación.com valoran el hecho. Además, algún que otro se ha atrevido ha derramar un poco de sangre en el río -o a la ola- como es el caso de David Martínez. Otros como lamarea.com van más allá y tratan de desmontar las palabras del dirigente popular con hechos. Como tiene que ser. Pero qué diablos, si hasta mi padre se ha sumado al debate. “A mi qué mas me da lo que diga en Sálvame si ninguno de esos dinosaurios (cc @SindoLafuente) del PP y PSOE van a cambiar la tesitura actual”.

Y ahí está la clave. Pedro Sánchez está intentado cambiar la forma de llegar a la opinión pública y comunicar de su partido, una cuasi novedad en España (evitemos por el momento hablar de Podemos), de cambiar la percepción de su partido, siempre vinculado a la misma casta del PP. Y claro, llega el miedo (aún mejor aprovechado por Sánchez) en la cúpula popular, y las reacciones no se hacen esperar.

Pedro Sánchez ha pasado de las comparecencias sin preguntas a los “Me pido un Gallifante” si me preguntan entre Rajoy o Pablo Iglesias, de los teletipos y las ruedas de prensa en la que unos periodistas miran un plasma, a un plasma que lo ve media España. De la comunicación cortoplacista que caracteriza al PP, a responder vía Twitter -esa preciosa herramienta de comunicación que sirve más allá de unas elecciones-  a quien se tercie (y si es una periodista con 72.000 seguidores mejor).

Los programas de entretenimiento forman parte ya de la estrategia de comunicación de los partidos, hasta que la audiencia se canse de los políticos, o bien, de entretenerse sin informarse. Darán a estos la oportunidad de mostrar una faceta más cercana ante un ciudadano más proclive y relajado para recibir los mensajes de manera positiva, que impulse una comunicación bidireccional y más abierta con su pueblo. Un poco más alejada del habitual modelo de información y comunicación asimétrica, donde prima el interés persuasivo antes que cualquier otro.

No sabemos si funcionara está estrategia para salvar a un mermado y casi herido de muerte PSOE, que en el último año ha perdido 12.000 afiliados, sí que en el espectro político se plantean nuevas formas de conectar con el electorado hasta ahora no vistas en el mantra político comunicativo en el que España está sumido.  También que hay cosas que no cambian, y si Pedro Sánchez quiere diferenciarse no puede cometer el mismo error de siempre, (lean sino: Pedro Sánchez dice que no prohibirá los toros un día después de pedirlo en el Congresoy ese es contradecirse o no acompañar a sus palabras de hechos.  Fran Carrillo lo define muy bien cuando escribe sobre las técnicas de comunicación de Pablo Iglesias y Podemos: La revolución empieza con palabras, la evolución se escribe con hechos”.
P.D: Este domingo Pedro Sánchez tiene cita con Risto Mejide. Otra oportunidad idílica para cambiar la percepción sobre él y su partido. Veremos.

El miedo gana en Escocia

El «no» (55%) en Escocia se impone por 10 puntos al «» (45%). Finalmente el miedo y la comunicación persuasiva han vencido. La estrategia de los unionistas ha dado resultado. La última bala que quedaba en un cartucho que ni siquiera se esforzaron en recargar ha dado en el blanco.

El exceso de confianza y  los errores de Cameron en la gestión de la consulta independentista le han costado un precio muy alto al primer ministro inglés, que tuvo que dejar la campaña por el «no» en manos del exprimer ministro Gordon Brown y el exministro de Hacienda Alistair Darling por la falta de credibilidad de Ed Miliband.

En los últimos días fue el miedo quién se adueñó del escenario político escocés. Una encuesta de You Gov otorgaba por primera vez la victoria al «sí» frente al «no» en el referéndum de independencia de EscociaEsto se produjo hace 12 días, y desde entonces la estrategia del miedo como forma de comunicación política recobró protagonismo.

El mensaje básico de esta estrategia, según D. W. Glascoff, es que el miedo es más poderoso que la razón, y muy efectivo cuando implica de manera individual a cada persona. Atribuir de manera personal a cada votante la responsabilidad del devenir de Escocia es aún más efectivo para conseguir un cambio en su comportamiento.

“Mi cabeza dice que no y mi corazón que sí” Estas declaraciones de un adolescente escocés son extrapolables al 74% de los escocesesque confesó que votaría “con la cabeza“, frente al “19% que dijo que lo haría con el corazón“, según un sondeo de Survation para el ‘Daily Mail’. Eso era algo que los asesores de Cameron sabían, y centraron su discurso en los temas que preocupaban a los escoceses para decantar la balanza.

La última visita a Escocia del primer ministro inglés antes del referéndum fue una clara muestra de esta estrategia. Mensajes simples, fáciles de recordar y entender como: “No volveremos  a usar la misma moneda”, “las fuerzas armadas que construimos se separarán para siempre”, “nuestras fronteras serán ahora internacionales”, “la seguridad que el banco inglés aporta será una anécdota” o “con el sí se perderá el actual sistema de pensiones”, junto a otros eminentemente emocionales una victoria del sí pondría fin al Reino Unido como hasta el momento lo conocemos”, “no habrá vuelta atrás”, “somos una familia, cuatro naciones en una misma”, “votad para salvar nuestro Reino Unido” buscan aflorar  la sensación del miedo y persuadir al electorado para que vote por el «no» . Y a veces lo consiguen.

Estas tácticas utilizadas comúnmente en el discurso político para influir en la opinión pública y  crear una asociación entre el candidato oponente y lo malo que pueda ocurrir. El consultor de comunicación política Xavier Peytibi hace referencia en en su blog  a el paper “A Theory on Danger Frames” de Ingrid D. Anderson, donde explica que esta es una táctica que, increíblemente, diferentes estudios neurológicos y de comunicación dicen que funciona. Las personas y sus cerebros reaccionan mejor cuando les previenen de peligros o cuando ven uno cerca. En este caso, las consecuencias inmediatas que traería la independencia.

El especialista recuerda un ejemplo tan cercano como el que se produjo en las últimas elecciones vascas en el eslogan elegido por el PP, “Si tú no vas, ellos ganan” que reutiliza la frase, ya usada por el PSC en Catalunya (precisamente contra el PP) de “Si tu no vas [a votar], ellos ganan [vuelven]”.

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*Nota para el que quiera reflexionar un poco más allá del Sí o el No, de Escocia o de Reino Unido:

“Los países son ese invento extraordinario que permiten compartimentar la culpa: unidades de sentido que te hacen sentir mucho más cerca de un señor que vive de este lado de la frontera que de su vecino tres kilómetros más allá. Sí, claro, habría que hacer algo por los hambrientos del mundo pero no ahora porque aquí mismo hay familias que lo están pasando mal. Lo bien que siguen funcionando los nacionalismos…”

La bestia que llevamos dentro

Encarcelados y tratados como delincuentes. Privados, por migrantes, de unos derechos que van más allá de la edad, género o atributos culturales que no sea la humana. Convirtiéndose sus agresores en poco más que deslomadas bestias, bellacos bárbaros y zafios cuadrúpedos.

Llevo ya unas horas pensador el porqué. Maniatado, indeleble, incapaz de responder, zarandeado. Qué más da, ministro, si aún obviando las numerosas delaciones no es una actitud habitual. Qué más da si ocurrió una vez. Se denunció cien.

¿Cómo de sensibles somos ante la violencia? o quizá, ¿cómo nos han hecho ser? La reiteración de imágenes en los medios nos hacen transigentes y menos compasivos, más acostumbrados. Nos hacen no condenar, no hablar, no alzar la voz, nos maniatan algo peor que nuestra manos: la voz, nuestro altavoz para quejarnos. Saben que algunos lo haremos, lo harán, también cómo y qué tienen que hacer para volver a silenciarnos. Una vez más.

Impunes agresiones, condiciones de vida tan condicionadas… un sinfín de ilegalidades, legales ahora ante nuestros ojos. Terribles atentados que contra nosotros, aún pecando de dóciles, nunca permitiríamos. Pero que incomprensible e irremediablemente llegamos incluso a justificar cuando les suceden a otros. A eso nos están enseñando.

El dichoso nacionalismo dirán, por el cual nos preocupa más la panza llena del de al lado que el hambre del de mas allá. O la dichosa distancia traducida en egoísmo, por la que sino lo vemos: no lo vivimos, no lo sentimos, no lo valoramos. Nos echamos, sírvame de la demagogia, tranquilos, creyéndonos cansados y total merecedores del descanso. Acostumbrados.

Obviando tanto al acostarnos y haciendo menos al levantarnos. Nos convertimos cada vez más en culpables de nuestra pasividad, de aquello que siempre aprendimos, de lo que nunca hicimos nada por preguntarnos. Caminamos constantemente en la búsqueda de una falsa felicidad con una soberbia impunidad que a mi personalmente me aterra, que no me deja dormir para no levantarme un día más y repetir ese proceso al que nos enseñaron a no cuestionar.

El cambio es posible. Y es tan egoísta y sencillo como nos tienen acostumbrados que en empieza por nosotros mismos.