ETA, la publicidad de Podemos y la desinformación del establishment

Soy uno más de esa sobre informada opinión pública que a diario recibe de distintos mensajes sobre una formación que ha cobrado especial relevancia en el contexto político del país. No me simpatizo con Podemos, tampoco me gusta Pablo Iglesias. Quizá porque están en medio de una inservible batalla de detractores que tratan de deslegitimar a la izquierda y detractados que responden como forma de publicitarse gratis. También es probable que me haya tragado la propaganda de que se sirven de un discurso revolucionario y populista para atraer a las víctimas de la crisis y a los indignados por los remedios caseros del gobierno de turno.

Las comparaciones y aproximaciones de la formación política con ETA o el nazismo han creado un ruido tan ensordecedor que beneficia a Podemos y al Gobierno. Una lucha de intereses que pugnan entre el auto bombo y la desinformación.

Podemos se comienza a afianzar como la alternativa al gobierno actual y se convierte en el eje sobre el que gira la agenda informativa de los medios, lo que se traduce en notoriedad y gran exposición mediática. Es decir, sigue estando de moda  y en la cresta de la ola, lo que desemboca en que los medios les concedan más espacio, su mensaje se difunda más y que cada vez sean más los que se decanten por ellos. El lado negativo son las consecuencias que llegan de la campaña criminalización ejercida por parte de grandes medios cercanos al poder, los que más influencia tienen.

Pero también Rajoy y compañía salen beneficiados, no sólo por los ignorantes a los que consiguen convencer de que Podemos es ETA y que el bipartidismo es la mejor alternativa, sino porque este ruido silencia, desvía la atención de sus polémicas leyes y contamina a la opinión pública con una guerra, cuyas pérdidas desgravan en la batalla final. Además de dividir a la izquierda, quitarle votantes a su opositor, el PSOE, y alimentar el apoyo hacia Podemos y a las formaciones de izquierda, mientras el PP se erige como única opción de derecha.

Es cierto que el Gobierno pierde cada vez más credibilidad, pero confían en que el oasis de la recuperación eclipse todos sus errores. También el rifi rafe radicaliza la postura de la opinión pública ante el fenómeno que consiguió cinco escaños en las pasadas elecciones. Aquellos que tenían una opinión poco formada sobre el partido de Pablo Iglesias se posicionan a un lado u otro, y los que ya la tenían, la afianzan aún más, sea para bien o para mal.

Ambos ganan en esta guerra, y por ello la mantienen abierta. Podemos con su estrategia de llegar a los tribunales, una acción de relaciones públicas común para visibilizar su mensaje, y movilizando a la sociedad para que se una a su insaciable pugna contra el establishment, el cual con sus continuos ataques alimenta el conflicto. El último, el artículo en ABC de la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre.

Es la sociedad quien pierde. Los daños colaterales provocan que se hable de ETA con una naturalidad, que personalmente me abruma. Se fomenta la desinformación y se hipoteca, aún más, la credibilidad de grandes medios. El hecho de que un periódico de la influencia de El Mundo asocie a Herrira con ETA es, cuando menos, cruel y negativo para subsanar una herida abierta hace mucho tiempo y que aún no ha cicatrizado. Ofende y prende una llama que todos deberían esforzarse en apagar cuanto antes, por las vidas que se cobró y el incendio que creó.

Reflexiones tan sombrías como una nublada tarde de domingo

138 equipos, 100 kilómetros, 525 participantes (y sus familias), casi 200.000 euros. Un jugador, dos equipos y 80 millones de euros. No se preocupen, son sólo cifras.

Este fin de semana he tenido la suerte de poder contemplar en primera persona el esfuerzo de tanta gente dejándose el alma por completar un reto, para el que muchos siquiera estaban preparados, con la única motivación de lograr fondos para aquellos que nacieron sin oportunidades ni posibilidad alguna de de una vida mejor, sin siquiera la opción de imaginarla. El futuro es el lujo de los que se alimenta, escribía un soberbio Martín Caparros.

No crean que cualquiera se enfuda sus zapatillas, se viste de corto con una sonrisa sincera y se dispone a hacer 100 kilómetros por amor al arte. Ni crean que ocurre con normalidad que para ello tengan que conseguir 1500 euros. No, eso parece un mundo paralelo y como lamentablemente no es novedad, ni siquiera noticia, escribo hoy sobre ello. Perdonen por ponerme trágico, pero es que me encantan los símiles, la demagogia fácil y barata. Dichosa fortuna tenemos los que podemos comparar.

No concibo hasta qué lejano horizonte esta sociedad se ha vuelto loca. Ya no sé si por esos que pierden el tiempo en recorrer todos esos kilómetros  o por no escandalizarse cuando ven en las portadas de los periódicos cifras astronómicas por un jugador de fútbol. Desconozco, y profundizo en mi demagogia, cómo la sociedad ha sobrepasado sin pudor ni frenos la fina línea que separa el deporte como poder económico mundial y ese que se practica de manera altruista.

No pienso volver a cae en la demagogia de los 100 kilómetros porque ese es tan solo un pequeño ejemplo de tantos. Tampoco quiero generalizar e incluir en el mismo saco a aquellos que aún haciendo todo lo que está en su mano, saben que su mano nunca es suficiente; y a los que ni siquiera saben qué hacer y afrontan los problemas permitiendo que se pierdan en el olvido.

No voy a hacer una comparación más sobre las oportunidades que brindarían a miles de personas que nadie visibiliza ni ponemos cara los simbólicos 80 millones que han pagado por un jugador. Ese sobre el que hablan millones de personas por un simple mordisco. No quiero abocarme a tan fácil demagogia porque no es la primera vez que pasa, ni es el caso más sonado, y eso es lo que me preocupa: no haber caído antes en este paradigma. En haber estado aletargado por lo cotidiano, ebrio por el brebaje de tantos problemas ya normalizados.

No sé si es que el mundo está al revés o soy yo el que está cabeza abajo, canta Fito, pero es que no puedo ver esas meras cifras de las que les hablaba y no pensar en esa intricante deriva que hemos tomado y que nos ha insensibilizado hasta el punto de ver cómo lo descabellado es ahora tan normal que se convierte en el pan nuestro de cada día. Para el que pueda permitírselo.

No sé en qué momento decidimos, o si alguien lo hizo por nosotros, que se tenía que hablar de lo fácil y olvidar la realidad que nos rodea y que grita sin apenas hacer ruido. Desconozco si -como decía San Agustín- el hombre es bueno por naturaleza o son los males de este mundo los que le convierten en malévolo.

No consigo atisbar quiénes fueron los insensatos que dictaminaron que el dinero se invirtiera en los que jamás conseguirán gastarlo todo y tampoco quién fue el maestro que a estos enseñó a no compartirlo con aquel que jamás comprenderá que existe algo más allá en esta vida que comer cada día. Sólo sé  que todos lo permitimos a diario; interiorizándolo y comentándolo en el bar y obviando el problema como si ello -aunque fuera- hiciera mejor nuestra vida. Va más allá incluso que del propio egoísimo.

Sí. Una vez más escribiendo desde la dichosa demagogia. Indignado. Incomprendido. Preguntándome ya no qué hemos hecho mal, sino qué podemos hacer por enmendarlo. Una respuesta que ahora se torna para mi tan sombría como esta nublada tarde de domingo.

Desahucios. Demagogia o criminalización

27/06/2014

Kutxabank desahucia a una familia con dos niños y un bebé de 20 días. La policía ha detenido a seis personas y otras tantas han sido heridas durante las cargas. La entidad bancaria se mostró en un primer momento favorable a ofrecer en alquiler una vivienda social debido a los informes de la trabajadora social, pero posteriormente, y sin previo aviso, formalizó el desahucio para el 21 de mayo. No se realizó hasta un mes después porque la mujer iba a dar a luz. La familia mantiene a su hijo con 550 euros al mes. 49.964 familia perdieron su hogar en 2013, un 11% más que el año anterior. El 80% de las viviendas eran el domicilio habitual de los afectados.

Un desahucio es algo tan grave como que una familia se queda sin casa y en la calle, en muchos casos con una deuda a la que no puede hacer frente, lo que precariza más en su situación. Es una situación trágica que asola a las familias más pobres del país y las leyes que las regulan no contemplan el arreglo de los problemas, sino que lo dificultan. Informar de ello de manera rigurosa es fundamental para concienciar a la opinión pública de la gravedad de problema, recavar mas apoyo y construir una fuerte movilización que cambie la realidad social.

1. Demagogia

Cuando te plantas ante una información sobre desahucios, como no podía ser menos, te enfrentas a todo tipo de propaganda. La que comete el pecado de caer en la demagogia. Tan peligroso, como poco fructífero para crear una opinión pública informada.  Aquí se incluyen noticias que titulan con el número de detenidos y heridos en “un desahucio” y eligen sus imágenes de acuerdo con ese criterio. Leo diferentes noticias con un enfoque similar en El Diagonal y en laRepública.es.

En Tercera Información, sí veo la historia del desahucio, pero hay un componente valorativo tan fuerte que impresiona al lector, quien debería ser el que se de cuenta de la gravedad por sí solo. Sin caer en un exceso demagogia , Laura Olías firma en eldiario.es una noticia con un enfoque muy bueno y que recoge en parte el contexto, pero que no da datos de cómo se llega a realizar ese desahucio. Clave, desde mi punto de vista.

En muchos casos se apela al drama de las familias sin ofrecer datos que den contexto la situación, no sólo en lo referente al número de desahucio, sino también en cómo se efectúa cada uno. Tesitura económica de la familia, petición de alquiler social, cómo se ha comportado el banco y todo lo referente al proceso que culmina finalmente con el desahucio. No se trata de indignar a la opinión pública, sino de hacer que tome conciencia.

2. Criminalización

Por otro lado, está la propaganda del que criminaliza a los asistentes y estructura la noticia en base a las declaraciones de la policía, como esta información de El Mundo, que incluye en el subtítulo algo tan banal como que la mujer padece obesidad mórbida. La fórmula en este tipo de información pasa también ofrecer el número de detenidos, dar entender que la policía tuvo que emplearse a fondo y buscar una asociación entre estos que haga perder la legitimidad al desahucio. Un claro ejemplo es esta información de El Correo, que asocia el desahucio a Verstrynge, de quien se encargan de dejar muy claro que ha sido detenido en otras ocasiones.

Este tipo de propaganda también se caracteriza por el efecto dominó. Una agencia de noticias emite un teletipo y el medio, que no ha presenciado ni vivido el desahucio, dice informar de lo ocurrido. Esto se suele dar en grandes medios, dependientes de la financiación de los bancos que realizan estos desahucios para sobrevivir.

El tratamiento informativo adoptado en estos casos no sólo no informa, desinforma, oculta la realidad social que viven miles de personas y no contribuye en nada a crear una opinión pública consecuente e informada.

 

*Nota: La imagen es de Stéphane M.Grueso (@fanetin) que ha presenciado e informado del desahucio desde las 7 a.m

La derrota de una selección. La victoria de un país

La dos veces campeona de Europa y vigente campeona del mundo ha recibido una dura reprimenda durante su actuación en este Mundial. La caras tristes de unos jugadores que representan a un país en plena crisis social muestran el sentimiento de este en lo que no concierne al fútbol.

Por fin ha explotado la burbuja del fútbol. Esa que viene desde mas allá de la del ladrillo y que sin ser responsable de la crisis sí lo es de manera indirecta de que sus consecuencias hayan pasado inadvertidas. El opio del pueblo, el cual parece comenzar a desintoxicarse de una droga que le ha tenido aletargado durante tantos años.

El último paso a ciegas hasta darnos de bruces con la dura pared de la realidad. La última tabla a la que se aferraron políticos y empresarios en la deriva del país para que la situación quedase cubierta por un halo de rojo esperanza. Donde los avisos de expertos financieros quedaban ahogados por los gritos de júbilo. Eso fue en 2006, cuando ni siquiera vislumbrábamos el arduo horizonte que hoy es nuestro pan de cada día, y levantábamos la Eurocopa tan orgullosos como inconscientes de lo que nos esperaba.

También tuvo lo suyo el enorme éxito del Barça: el del triplete y las dos copas de Europa. Todo el país disfrutaba viendo jugar a los bajitos que llegaban convertidos en dioses mediáticos al Mundial, y lo ganaron. El orgullo era el de un país en caída libre. Llegó de nuevo la Eurocopa entre rescates y recortes y la volvieron a ganar. Parecía un sueño, una hazaña insuperable. El resplandeciente sentimiento patriótico seguía eclipsando la realidad que ocurría en las calles.

A finales del pasado año llegó la duda por el nueve de la Roja. Los máximos anotadores del Mundial y de la Eurocopa no pasaban por su mejor momento y junto con la polémica nacionalización de Diego Costa el gobierno se marco un estupendo regate para acabar marcando un estupendo gol que se traducía en un opaco apoyo a EEUU ante una intervención en Siria, que gracias a dios sabe qué Santo no se llego a consumar.

Pero ahora, cuando el gobierno y el establishment más necesitaba del éxito de La Roja esta les deja en fuero de juego. Los rostros de abatimiento y vergüenza de los jugadores sí son ahora un verdadero reflejo del contexto social que impera en España, del fin de una era que comenzó a gestarse gracias al 15M, un año después de aquel gol de Iniesta en Johannesburgo.

Las dos caras de una moneda, que por un lado muestra la bonanza del deporte y por otra la miseria social de un país ahora desnudo, a la intemperie… Al fin llegamos a atisbar, como si de un largo trance nos despertáramos, el batacazo de la democracia en las elecciones europeas, los polémicos artículos de la reforma de la ley del aborto y las enmiendas que han rechazado con mayoría absoluta. Las draconianas, y lo dice la BBC, leyes que regulan los deshaucios, esos que se producen cada quince minutos, siete en lo que dura uno de los partidos de la Roja.

También la desigual reforma fiscal, gracias a las que las grandes fortunas siguen lucrándose de las leyes del gobierno. La llegada al Tribunal Supremo de la justicia universal, que ha dejado a 48 narcos sin legislación. La hambruna de votos que acecha a PP y PSOE y las ganas de decir,ya que no le dejan decidir, de un pueblo sobre el modelo de Estado que acumula 39 años de obsolescencia. El paraguas informativo bajo el que la monarquía ha vivido tantos años comienza a desintegrarse debido a una incesante lluvia ácida de escándalos.

Los casos de corrupción y la desigualdad de género está en boca de todas y ahora también de todos. El forofismo exacerbado, ese espectáculo más propio del circo romano ya no oculta los excesos gubernamentales. El fútbol, tras la caída al abismo de la selección, dejo de ser un aliado y por una vez en muchos años se posiciona en favor del pueblo, aunque este todavía lamente la derrota.

Ojalá pudiéramos diferenciar entre deporte y sociedad. No crean que me alegro por la derrota de una selección, sino por el triunfo de un país.

“La protestas amenazan el Mundial”, decían

Hace once días que empezó el Mundial. Aún recuerdo cuando las protestas abrían los informativos y llenaban las portadas. Aparecían Dilma Rousseff, presidenta de Braisl y Joseph Blatter, el de la FIFA, en la mira de todos los medios por sus opacos planes. “Qué bandidos, prefieren acumular y malgastar el dinero antes que destinarlo a sanidad o educación”, oía en bares y calles. El mundial empezaba con un leve tinte gris, sin la misma magia que antaño. El fútbol parecía ser visto como ese negocio que siempre fue.  Al fin.

Después, los jugadores empezaron a dar los primeros toques al Brazuca. La vigente campeona era eliminada sin inmutarse e Inglaterra estaba una vez más de vuelta “con buen juego pero con mala suerte”, titulaban, y junto con la selección que encabeza el gran grupo de la muerte, Costa Rica, acallaban todas las protestas. “Las protestas amenazan el Mundial”, decían, y ha sido el Mundial quien ha intimidado y enmudecido las protestas.

Ahora ya nadie escribe sobre lo que pasa en las calles, los periodistas freelance y las agencias de noticias ya no hacen sus crónicas, ni toman imágenes para ilustrar la realidad social porque los medios ya no las compran. No les interesa. Los manifestantes siguen saliendo a la calle pero ahora sin altavoz, pronto las protestas que alcanzaron su máximo auge con la llegada de la violencia volverán al eterno silencio del olvido, a las oscuras favelas. Tuvieron su momento, pero desapareció.

Esos medios que antes retrataban con fotogalerías la pobreza de Brasil ahora sólo tienen hueco para la desolación cuando es para mostrar la cara de un jugador y de todo un país traes caer eliminado. Aquellos que hacían monográficos y se hacían eco de las protestas de las ONG ahora hacen especiales para seguir con todo detalle la gran fiesta del fútbol.

Los que amplificaron las protestas y les dieron relevancia, los que pusieron sobre la mesa el problema ahora no lo tienen en cuenta. Ángeles y demonios, pero no extraña. Nadie demanda esas imágenes, sólo una buena cobertura fotográfica que resuma el partido.

Se nos acabó la moda del indignado, de publicar los grafitis que llenan las calles brasileñas, de alimentar ese ciberactivismo que siempre critico. Todos esperan la hora de los deportes para que les cuenten, aún sin saber lo que dicen, las palabras de un jugador a su entrenador, y cuando por fin aparecen las favelas, esos lugares donde han sido desplazadas tantas familias, sólo se habla de fútbol, de su importancia para que los niños salgan de los cárteles o de la drogas. Se saltan un paso y driblan los derechos humanos, el del acceso a una vivienda o a una educación y sanidad de calidad. Esas son las que han recibido la mayor reprimenda y no España contra Holanda.

El fútbol ha ganado, una vez más. Los gritos de gol han silenciado ya las protestas, y ya da igual qué selección se alce con el campeonato, este hace días que tiene un único triunfador y muchos perdedores. Ya lo advertí: Los culpables somos todos.

 

*Nota. La indignación que este post os provoque se  autodestruirá en diez segundos.

El nuevo rey, el papa y los mártires

El papa Bendicto XVI renunció al puesto de máximo representante de la Iglesia Católica debido a la grave crisis que hipotecaba su continuidad. Corrupción, falta de transparencia económica y diferentes escándalos en el seno de la Iglesia fueron las culpables de la renovación. Precisamente los mismos motivos por los que Juan Carlos I abdicó en su hijo, el ahora Felipe VI. El objetivo de ambos líderes pasaba por impulsar una renovación que lavara la imagen de sus respectivas instituciones y permitir así permanencia. Cual mártires han puesto su cabeza en bandeja de plata.

Como un fiel reflejo del anterior pontífice, el rey ha sido acusado de acumular de manera opaca una fortuna de más de 2.000 millones de dólares en un país donde la crisis azota sin piedad. Además, los diversos escándalos que ha vivido la Casa Real en los dos últimos años han socavado su imagen y la han puesto en la mira de la opinión pública. El relevo se tornaba necesario y a pesar de que se llevaba fraguando desde muchos meses atrás, la caída que esta vez sufrió el voto al bipartidismo ha acelerado el que era un cambio inevitable. El rey ponía en jaque mate a la Marca España.

El papa Francisco, un maestro de la comunicación institucional y un enorme portavoz, ha conseguido dar un giro a la reputación de la Iglesia hasta el punto de ser percibido como el personaje del año. Gracias a un discurso basado en la pobreza, una actitud cercana con sus públicos y la lucha a ultranza contra lo que antes mermaba sin piedad  a la institución católica.

En su coronación, Felipe VI ha sentado las bases de lo que será su línea de actuación en el futuro. En su discurso ha dejado entrever que, como hizo el Francisco, atacará los problemas que rodean al seno Real. En relación a la opacidad y falta de transparencia ha afirmado que “los ciudadanos demandan que la ejemplaridad presida nuestra vida pública“, y lo que respecta a la vinculación de su cuñado y hermana con el caso Nóos: “Hay respetar en todo momento la independencia del Poder Judicial”.

También ha establecido la línea de actuación ante los problemas a los que se enfrenta el país. “En esta España unida y diversa cabemos todos“, ha dicho el nuevo monarca en relación al auge de los movimientos nacionalistas. Además, se ha despedido dando las gracias en castellano, euskera, galego y catalán. También  ha reconocido la crisis en la que España está sumida. En definitiva, un discurso perfectamente estructurado y con los mensajes clave para emprender el sanado de la Monarquía.

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El Papa ha sido alabado y también criticado por su espontaneidad, su falta de planificación y su a veces desmesurada cercanía. Un comportamiento que no puede adoptar, por la diferencia entre instituciones, Felipe VI, quien lo máximo a lo que puede aspira es a pasearse por las calles de su reino en un coche descapotable y saludando con alegría y esperanza. Con la ciudad decorada hasta la bandera y con una alfombra roja sin final, tan excesiva como cansina. Un despliegue sin precedentes que también se aleja de la austera dinámica del papa.

El uso de la palabrería y de las promesas vacías sirve y aquí el ejemplo de la Iglesia es esclarecedor (El papa Francisco. Un año de lavado de imagen) La Monarquía cuenta con una potente maquinaria propagandística que componen los grupos de comunicación más grandes del Estado. También con el respaldo mayoritario de una opinión pública con una mentalidad aún antigua y que se impregna sin dejar un atisbo para la réplica del nacionalismo que ahonda en su larga vida, aprehendido en lo más profundo de su ser. La Monarquía se actualiza pero sigue siendo la institución caduca de siempre y el lavado de cara dará resultado.

La tarea de enseñar a disentir sobre lo ya impuesto e imperante es tan difícil como necesaria para lograr un avance en la mentalidad y progreso de un país, independientemente de la forma de Estado que este decida adoptar.

Nombres propios detrás del drama migratorio

Los medios de comunicación lanza una voz de alerta en la frontera desde que 15 inmigrantes murieron en un intento de entrada a España en febrero. Las imágenes donde los inmigrantes se cuentan por miles llenan portadas y cubren espacios en los telediarios. A través del uso de palabras como “violentos inmigrantes” o “asaltantes” se trata de criminalizar a aquellos que tratan de huir de su país, ya sea porque están en guerra, por miseria o por cualquiera que sea la causa.

Otros como Mohammed, con el único pecado de ser ambicioso. Salió de su país, donde trabaja como camarero, para buscar en España el reconocimiento que en su país nunca encontraría. Igual que los 400.000 jóvenes que han salido de España desde que empezó la crisis porque no disponen de las oportunidades que merecen.

Este inmigrante guineano es como uno de los 1000 que dicen los medios y 300 las ONGs allí presentes que trató de saltar el pasado viernes. Uno de los cinco que tras pisar territorio español fue devuelto de manera ilegal, tal y como prohíbe la ley de extranjería, cuyo cumplimiento se vulnera en cada salto.

Mohammed cuenta como tardo siete en años en llegar a Marruecos para poder intentar superar la valla de Melilla, como fue capturado y llevado lejos de allí. “Estuvimos cinco días caminando para volverlo a intentar” y como volvió a intentarlo dos veces más hasta que finalmente usó sus ahorros para pagar los 1200 euros que cuesta entrar a través una patera. “Así es mucho más fácil, pero para ello hay que tener dinero”.

Hay inmigración más allá de la valla de Melilla

Luego está Yoro, un hombre de Zambia que desde los 12 años se ganaba la vida como pescador, ya que en casa no había recursos suficientes para pagar una educación, y que con 15 años decidió buscar en Europa un trabajo con mejores condiciones. Yoro no saltó la valle, pero es uno de esos inmigrantes a los que no ponemos cara y que se juega la vida en un cayuco. La “responsabilidad y presión de sacar a su familia de la miseria” es uno de los factores determinantes que le hizo recorrer un camino tortuoso hasta su actual estancia legal en España.

En su primer intento, el temporal pinchó su barca y la policía les llevo a un desierto entre Marruecos y Mauritania. “Estuvimos andando 12 horas para llegar de nuevo a Mauritania”. Una vez allí empezó de cero y  ahorró dinero hasta tener el suficiente para volverlo a intentar. A la segunda y tras un difícil viaje en el que -relata- fueron cuatro días durísimos porque estabamos navegando y no teníamos protección, lo consiguió.

Una vez en España le llevaron a uno de los ocho Centros de Internamiento de Emigrantes (CIE) que hay en el país. En la cárcel, como la describe Yoro, no se pudo duchar hasta el tercer día. “Tenía los ojos llenos de sal (del agua) y cada vez que me golpeaba el viento notaba como me sangraban los ojos. Pensé que me quedaría ciego”.s

 

35 días después, cinco menos de los que la ley obliga a retener a los inmigrantes, y tras conseguir no ser deportado fue dejado  en libertad.  “A partir de ahí empieza  la guerra contra el mundo”, relata Yoro, cuando estás en la calle y te falta la libertad no puedes vivir. “La policía, dice, ve tu miedo y te detiene inmediatamente para llevarte a uno de esos centros”. No tenía miedo en el mar, pero sí aquí porque en cualquier momento le podían llevar a mi país”, cuenta el inmigrante de Zambia.

La historia de Yoro refleja cómo ven los inmigrantes desde su país la situación en España. “Cuando estás en África sólo ves luces de navidad y edificios altos. Motiva a la gente porque no saben lo hay aquí”, afirma.

Durante años estos dos inmigrantes estuvieron en uno de esos CIE, cuya existencia hoy se cuestionaba a viva voz en Madrid y en varias ciudades de España. De allí no guardan buenos recuerdos, castigos, incomunicación con su familia u otras irregularidades como ausencia de asistencia social y sanitaria o  que organizaciones de todo tipo llevan años denunciado son los motivos por el que el domingo se pedía la eliminación de estos centro. La respuesta del gobierno ante tal atentando contra los derechos humanos ha sido la de  incorporar la asistencia católica.

Pero en esta historia también hay mujeres, Khady (nombre falso) es una enfermera senegalesa que vino a España para trabajar y que posteriormente fue engañada para dejarla en la calle. Ella no sabía español y tras 6 meses trabajando le invitaron a firmar un papel donde le prometían 2 semanas de vacaciones. En realidad era su despido voluntario. Entonces no sólo perdió su trabajo, sino su permiso residencia.

La opacidad en relación a estos temas por parte del gobierno es flagrante, no lo es la campaña de criminalizacion que los inmigrantes sufren gracias al apoyo de muchos medios de comunicación.

Para finalizar, Yoro contó ante un grupo reducido de personas en el Retiro que él no ha venido a robar, cometer delitos o ” a pegar”, sino a trabajar con todas sus fuerzas. También habló del largo camino que aún le queda a la opinión pública por recorrer para entender su situación. “Venimos por muchos motivos: hambre, guerra o infinidad de problemas. Nadie entraría al mar y se jugaría la vida en unos pequeños cayucos si pudiera ganar dinero en África”.

Lo importante, cree, es acabar con la pobreza y la desigualdad que no sólo asola al inmigrante, sino también a la mujer. “España todavía es mejor que cualquier lugar de África”, afirma Yoro y finaliza con un mensaje de esperanza. “No vamos a poder dejar de vivir y seguiremos muriendo, cortándonos los brazos intentándolo; y sino nos morimos antes, seguro que lo  conseguiremos”.

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Mundial de Brasil. Los culpables somos todos

Este jueves Brasil acoge su Mundial de fútbol entre duros enfrentamientos entre la policía y los propios ciudadanos que marchan en contra de la celebración de la competición. El gobierno presume de servir a los intereses del pueblo con la cínica inocencia de haber anunciado recortes de 18.000 millones de euros para sufragar los 11.000 millones del Mundial más caro de la historia, en un país que a pesar de estar entre las 10 economías más potentes del planeta el salario mínimo no supera los 240 euros.

Con la hipócrita y anticipada victoria de ser uno de las naciones, también del planeta, con la tributación más desigual  y con el mérito alzar los precios de bienes básicos y desinflar los servicios públicos, incluidas la salud y la educación, acoge una competición ahora y unos JJOO Olímpicos en 2018 que se vea  irónicamente traducido en una mejor percepción internacional y con el objetivo de que su exposición mediática en un evento de este calibre se traduzca en mejoras ecónomicas. Lo cierto es que ese 18,6% de la población brasileña que vive en la pobreza no verá ni un euro.

La FIFA, el organismo que se dice valedor de los derechos infantiles por multar a clubes que fichan a menores es una de las culpables indirectas de que muchos menores sean desalojados y desplazados a recovecos de la ciudad. Ahí no tienen acceso a servicios básicos como salud, ni tienen escuelas suficientes, además de que gastan buena parte de sus bajos sueldos en el transporte, sus altos precios son otro motivo de protesta.  Por no hablar del incremento de los delitos de trata de personas en el país. Oigan, que comprar sexo no es deporte.

Este “impoluto” organismo internacional se lava las manos alegando, en un documento público, que no obligó a Brasil a construir estadios por encima de sus posibilidades, ni a que las familias desplazadas forzosamente. Lo cierto es que de todo lo que recaude la FIFA durante el Mundial nada quedará en Brasil. Exención fiscal que el organismo exige a todos los países y que además de generar una guerra de precios entre estados donde el que gana es el que más pierde, evita que la enorme cantidad de dinero que podría utilizarse para financiar servicios como la sanidad, educación o transporte se lo quede la propia Federación. Según el Tribunal de Cuentas de la Unión este organismo se ahorrará 322 millones.

Pero la cosa ni mucho menos acaba ahí. Nike, Adidas, McDonald’s, Coca Cola u otras tantas marcas que hacen gala de una responsabilidad social impecable han puesto en marcha enormes campañas de comunicación para que la reputación de sus marcas sea la mayor vencedora. Con magníficos spots y preciosas acciones publicitarias que venden la magia del mundial y apelan a lo bonito del fútbol, contribuyen a que la opinión pública olvide una abominable realidad social y promueven que, despreocupada, grite gol al unísono.

Dirán algunos, no sin razón, que Sony ha llamado a una profunda investigación de las denuncias contra la elección de Qatar como sede mundialista, que Coca Cola dijo estar listo para reducir la visibilidad de su marca durante el actual campeonato si la agitación social regresa o que Adidas indicó que la situación actual no es buena ni para el fútbol, ni para la FIFA ni para sus socios. Pero cuando enciendan sus televisores, abran sus pantallas u oigan hablar del Mundial comprueben dónde están esas marcas.

Y luego estamos el resto, la desinformada y desinteresada opinión pública, culpables en mayor o menor medida. En Sudáfrica 2010, 3.200 millones de personas en el planeta vieron al menos un partido del Mundial por televisión y ahora la FIFA espera romper ese récord. El fútbol es el opio del pueblo, claro.

Pero la solución no está en hacer un boicot a ultranza del fútbol, tampoco en firmar una petición, compartir una foto llamativa o un artículo crítico en las redes sociales, esa enfermedad se llama ciberactivismo y tiene fácil arreglo.

Tomar conciencia, estar informado acerca de las decisiones políticas que atentan contra  los más desfavorecidos, exigir cambios a las empresas,  que no sólo desemboquen en una política de responsabilidad social con la comunidad, sino en ir más allá; en demandar que utilicen su influencia para exigir que industrias y gobiernos adopten medidas urgentes, reales y cualificables que ataquen directamente el problema.

Si la culpa es de todos la solución también lo es.

 

*Nota: La foto elegida para acompañar al post es la oficial. Hay muchas que reflejan de manera más expresiva la realidad pero acudir a ellas sería caer en lo que aquí critico.

Monarquía, República y viceversa

La propaganda existe desde que su éxito quedara comprobado en la I Guerra Mundial. Desde entonces está presente en cada recoveco. A veces se camufla sin que nos percatemos de cómo nos influye y otras es tan evidente que hasta resulta insultante.

 

La abdicación del rey es tan sólo un ejemplo más de que ese complejo entramado de personas que como hilos mueven las marionetas de la opinión pública convive en la sociedad y que los medios de comunicación se sirven de ella, a veces incluso siendo ellos los manipulados, para cambiar nuestras percepciones. Los medios tienen la tarea de informar y educar a la sociedad, pero muchas veces se sirven de la autoridad que su posición de conocernos de la verdad les  para adoctrinar, influir y manipular a la población.

Monarquía sinónimo de propaganda

Entre los que venden la monarquía como necesidad principal del Estado español están los grandes medios, en cuyos accionariados están presentes bancos importantes, como puede ser el caso de El País y el Banco Santander, La Vanguardia y el Periódico con la Caixa, etc. Líderes de ambos bancos forman parte del  Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), uno de los grupos de presión o lobbie más fuerte de España, y además son partidarios de la continuidad del monarca. Tanto es así que retrasaron su abdicación y le homenajeron cuando esta se consumó.

De manera cronológica, los medios del establishment, que es como vamos a llamar a los séquitos de los grandes poderes, se han esforzado por vender la necesidad de un de Jefe de Estado como eje angular necesario de la democracia y han tratado de convencer de los beneficios de la monarquía, con argumentos tras antiguos y obsoletos como que el rey trajo la democracia, hasta repetir hasta la saciedad la necesidad de una cabeza visible en el país que facilite la tarea con los socios del extranjero, entre ellos amigos íntimos del ex monarca en cuyos países se imponen regímenes dictatoriales.

La forma en la que los mecanismos de propaganda se han ido adaptando con el paso de los días es curioso de observar. De las portadas y editoriales que agradecían la labor de su majestad se pasó a ensalzar la buena preparación de Felipe VI.

El último ejemplo que da prueba de esta campaña de los medios en favor de la monarquía es la que este sábado ensalza a Leticia Ortiz. El primer discurso de la que se presupone que será reina en los próximos días ha traído una oleada de páginas, más propias de revistas de corazón, que promueven su imagen.

El pecado de republicano

También entre los medios de izquierda, y de sobra conocidos como republicanos, existe la manipulación y la propaganda. Entendidas en gran parte  de manera positiva y como instrumento para servir de información a la opinión pública. Estos han aprovechado la abdicación de Juan Carlos I para abrir un debate presente en la sociedad de manera subyacente sobre la necesidad de reformar la Constitución.

Esto dificulta mantener la labor informativa y aumenta el riesgo de caer en la propaganda que contamina. La peligrosa trampa de las comparaciones poco fundamentadas, el ejemplo más cercano lo encuentro en eldiario.es, la crítica oportunista de las sandeces de medios de los que deben diferenciarse a través de información rigurosa y el olvido de que lo importante es el derecho a decidir y argumentar el por qué de elegir una u otra opción.

Ni mencionar cabe, por supuesto, la influencia que unos y otros tienen en la opinión pública, así como en las prácticas en las que los medios afines a la monarquía incurren de forma reiterada para conseguir sus objetivos.

Dos claves para entender el éxito de Podemos

Podemos, partido encabezado por Pablo Iglesias, ha sido el que más ha ganado en estas elecciones europeas. Con cuatro meses de vida ha logrado 1.200.000 de votos y cinco escaños. Además, se ha ha alzado como la tercera fuerza en Madrid después de PP y PSOE y ha sido el partido de izquierda, sin contar al PSOE, más votado en Bilbao, Sevilla o Zaragoza.

Un sentimiento que exige un cambio social

La irrupción de Podemos al panorama  política en un momento clave ha sido uno de los motivos de su éxito. Lo que sembró el 15M hace tres años necesitaba ser recolectado. En las pasadas elecciones generales aún era demasiado pronto y el hartazgo de la politica que emprendió el ganador de estas ha sido el detonante. Además de lo que han aportado las mareas ciudadanas (sanidad o educación), nuevas plataformas sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o la aparición de nuevos medios de comunicación  independientes, tendentes a la izquierda, que han dado luz a los problemas del país y han desnudado la problemática de la política actual.

Estos factores han beneficiado a la izquierda en general. La cual ha conseguido la friolera de 15 escaños: 6 de IU, 5 de Podemos, 2 de Esquerra, 1 de BNG/Bildu y otro más de Primavera Europea.

Podemos ha sabido hacer suyo el pensamiento y el resquemor político que vive la sociedad, ha conseguido identificarse su mensaje con el hartazgo ciudadano a base de un programa radical que ofrece verdaderas reformas. Había un nicho y lo ha cubierto. Ha conseguido vender esperanza a gente que creía en ella. Se ha mostrado como la solución a un problema que  subyuga a la sociedad. La oferta y la demanda también se adapta a la política.

Una vida corta pero intensa

Cuatro meses han bastado para conseguir dicha hazaña. Un partido nuevo, que se muestra como diferente al resto, percibido como una verdadera alternativa para los votantes de izquierdas que hasta ahora no se vinculaban a ninguna de las corrientes que imperaban de este lado. Pero sí un líder conocido y mediático, un verdadero portavoz con un equipo de profesionales de la comunicación detrás que han sabido utilizar los medios para lograr su éxito y a un bajo coste. Podemos recaudó 200.000 euros a través de crowfunding y le sobraron 40.000.

Como si de la planificación de una campaña publicitaria habláramos, Podemos ha llevado a cabo una de tipo concentrada. Una fuerte presencia pública en un pequeño espacio de tiempo. Una fuerte presión que ha ido en aumento y que ha conseguido alcanzar el mayor auge en el momento de votar.

Un producto, como es el caso de Pablo Iglesias, que no partía de cero en el mercado, sino que ya gozaba de cierta notoriedad y prestigio, sumado a una fuerte presencia en televisión (tertulias, entrevistas, debates) así como un uso estratégico y exhaustivo de las redes sociales Twitter y Facebook han hecho el resto.

Una irrupción fugaz y de rápida consolidación que no ofrecía ningún antecedente negativo, ningún “es que dijo que iba a hacer… y no lo hizo”. Sus promesas han sabido calar en poco tiempo y la gente las ha creído.

Ahora cabe esperar a ver si el éxito de Podemos continua su auge de cara a las elecciones venideras, si se alía con IU, que parece a haber tocado techo, o si como estos se estanca y queda como una bonita voz que se alzó y se perdió. Veremos.