¿Cómo gana el Gobierno el debate de la inmigración?

En febrero, al menos 15 inmigrantes murieron en aguas de Ceuta mientras las balas de goma caían a su alrededor. Desde entonces, la lucha contra inmigración irregular se ha situado en el tablero del debate público y ha llevado al Gobierno y a Interior a usar su potente maquinaria de propaganda para hacer hacer llegar a la opinión del ciudadano una versión que legitime las medidas adoptadas. Las cuales, más que poner freno a la inmigración, alimentan los desesperados intentos de cruzar la frontera.

Con cada salto, llegada de inmigrantes en barcas de juguete o cual sea la forma de llegar a la frontera se reaviva la llama del problema migratorio, que cada vez quema más para el ciudadano. El tema salta a los debates televisivos y radiofónicos, abre informativos y llena portadas. El Gobierno, en vez de asumir el problema vende una realidad sesgada que pone a la opinión pública de su lado, a costa claro, de estigmatizar a los inmigrantes y criminalizar los flujos migratorios.

1. El uso del lenguaje

“No es el qué, es el como”, decía un famoso publicitario . El Gobierno elige muy bien las palabras a través de las que emite su me mensaje. “Problema”, “drama”, “tragedia” o “crisis” son habitualmente utilizadas para referirse a la inmigración. También, el uso de la palabra “asalto” para referirse a los saltos. Narrativa que conformar una realidad en la opinión pública, y más, cuando es adoptada por los medios de comunicación masivos (las propias agencias incluyen en los titulares de sus teletipos cosas como “Un nuevo asalto a la valla de Melilla”). Además, si hay algo que siempre se omite en las informaciones gubernamentales son los datos negativos que se derivan de la disminución de inmigrantes y los beneficios que reporta la inmigración. Sino me creen, lean: “Inmigrantes: no se vayan, por favor”.

2. Convergencia en la idea dominante

Así llama Noam Chomsky al mecanismo que se encarga de controlar a los medios. La ideología dominante está instaurada en el seno del periodismo y hace que la propaganda a favor del bando gubernamental (definido por las élites) parezca legítima y necesaria. Permite así, presentar una versión de la realidad maniquea y dicotomizada entre buenos y malos. El ejemplo lo podemos ver en el intento del Gobierno de delegitimar a ONG’s locales como PRODEIN, que documentan agresiones y devoluciones en caliente  (ilegales) a inmigrantes.  

Esta idea se refuerza con la constante criminalización del inmigrante, esa continua asociación entre inmigración y terrorismo/delicuencia, o con el uso de cualquier elemento de actualidad para infundir miedo o crear un sentimiento en la opinión pública de alerta en la frontera. El primer ejemplo lo encontramos aquí y sobre el segundo escribe Iñigo Sáez de Ugarte en su blog

3. Desinformar y sesgar la realidad

La prueba más evidente de que el Gobierno trata de manipular a la opinión pública es el cerrado, opaco y unidireccional modelo de comunicación de Interior. Orientado únicamente a persuadir a su público sin tenerle en cuenta. La Guardia Civil no difunde imágenes de su actuación en la tragedia de Ceuta porque “no hay cámaras”

No sólo eso, Interior desinforma y miente para que su posición hegemonice el debate. Se comprobó de manera flagrante en los días siguientes a la muerte de 15 inmigrantes entre Marruecos y Ceuta. Mentiras oficiales: las 1001 versiones sobre la tragedia de Ceuta e Interior mintió: Fernández Díaz reconoce que la Guardia Civil disparó “al agua” pelotas de goma.

Cuando la desinformación cuaja y los medios no sólo se tragan la propaganda del Gobierno, sino que la difunden sin pudor ninguno salen noticias tan sesgadas como esta de El País:  “30.000 inmigrantes aguardan en Marruecos para saltar a Ceuta y Melilla”. Juan Luis Sánchez desmonta muy bien en su blog esta propaganda del ministerio de Interior.

4. Normalizar la situación

En un intento de que el mensaje gubernamental cale en la opinión pública, y con los medios de su bando, sólo hay que dejar que estos informen. De ahí, que desde la muerte de los 15 inmigrantes los periodistas puedan acercarse a la valla de Melilla a fotografiar y documentar lo que ocurre (aunque multen al que se salga de la raya). La estrategia es abrir las puertas a la prensa para que siga vendiendo la alarma social y continúe con su tarea de criminalización.

El resultado es una opinión pública insensible y una sociedad enferma, que a base de ver una y otra vez a los inmigrantes encaramarse a la valla representados como invasor llegue a percibir la inmigración como un verdadero problema, así lo muestra incluso el CIS, que acepte como buenas las prácticas delictivas ordenadas desde los ministerios y cumplidas sumisamente por las fuerzas policiales.

Cada vez que un periódico o telediario abre con imágenes que muestran a muchos inmigrantes encaramados a la valla o en las aguas, una actitud violenta, un contagio… el Gobierno lleva un poco más hacia su terreno el debate de la inmigración irregular.

Buen tiempo, pateras, superlunas e inmigración

El 11 de agosto fue el día de mayor entrada de inmigrantes intentando atravesar el Estrecho de Gibraltar desde 2006, casi 299 personas en 31 barcas lo lograron. En la mañana del día siguiente, ya eran 470 personas las rescatadas en 49 balsas. Fenómeno que refleja la enorme presión migratoria y que grandes medios se empeñan en encubrir atribuyendo la culpa a la superluna y al buen tiempo. Una cortina de humo para ocultar la verdadera realidad del problema migratorio.

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Los hay incluso que van más allá y hablan de las pateras y de los inmigrantes como quien está de paso o de vacaciones:

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Otro de los mensajes propagandísticos que algunos medios han tratado de transmitir es que el incremento de pateras es fruto del aumento de los controles y medidas disuasorias que ha emprendido el Ministerio de Interior en la frontera Sura, y de paso alabar su gestión de la presión migratoria. Versión que se cae por su propio peso tras el intento de entrada a Melilla de 300 inmigrantes en la mañana del martes, donde una veintena lo ha conseguido.

Salto del que no hay cifras de heridos, y en el que una ONG han denunciado incluso muertes,

El uso de las pateras y el apelar a la crisis de los cayucos no es más que la arista de una estrategia que desde hace meses los medios emprenden para vender una constante alerta en la frontera. Una majestuosa maquinaria propagandística al servicio del gobierno para que el debate sobre el papel que este toma en la política migratoria no se produzca y así desviar su atención. “Crisis migratoria en Ceuta. Vamos a contar mentiras”.

La realidad es que ya han pasado 6 meses desde que 15 inmigrantes murieran tratando de acceder a España por la frontera, fruto de negligencias policiales, que no hay culpables ni señalados, que la tragedia (consentida) fue aprovechada por el gobierno para sacar adelante toda una serie de medidas disuasorias que tratan de evitar a toda cosa que los inmigrantes pasen la frontera, en vez de evitar que salten apoyando políticas en dichos países, que la ayuda en cooperación al desarrollo se ha visto reducida mientras que la destinada a armas ha aumentado.

O que el hambre, la miseria y la guerra que dejan atrás los inmigrantes serán siempre motivaciones suficiente para tratar de acceder a España sea como sea, incluso jugándose la vida en barcas hinchables de juguete que no soportan a más de dos personas a más de 150 metros de la costa. También, que la vigilancia y el control de Marruecos en las fronteras es casi hegemónico y que de sus devenires, acuerdos e intereses con España dependen los intentos de entrada. Ejemplo aquí de oportunista gestión de intentos de entrada en las fronteras, que casualmente aumentan cuando se pone en jaque la política migratoria de Interior y que se cortan durante semanas cuando el rey viaja a Marruecos.

Para terminar una apreciación: En el uso del lenguaje también está la manipulación, no es lo mismo decir “barcas hinchables de juguete” que “barcas” en sentido estricto o “pateras”.

@juanlusanchez)

Actualización: Finalmente, casi mil inmigrantes han sido rescatados en el Estrecho a bordo de barcas de juguete en dos días. Noticia aquí.

*Nota. La imagen que encabeza el post es de 2013, pero sirve para ilustrar tales colchonetas.

 

El Mundo contamina la Marca Euskadi

El Mundo contamina a diario la imagen del País Vasco y ofrece una visión sesgada de la realidad que allí se vive. El tratamiento de sus noticias siempre gira sobre el eje de la imposición del euskera, sus editoriales atacan a cualquier persona física o jurídica que tenga relación con la izquierda abertzale y no distingue entre ETA y el resto de organismos políticos independientes.

La explicación del porqué sólo es argumentable por la preponderancia de una línea editorial conservadora y una mentalidad cerrada de sus directores. Trato, que satisface a un lector con el mismo eje. El Mundo es el diario de menor audiencia de toda la comunidad autónoma vasca y de Bizkaia y Áraba en concreto, según el Eustat. (2012). Por tanto, queda de manifiesto que su target  no es precisamente los lectores del País Vasco.

En la última semana raro es el día en el que El Mundo no le guarda al País Vasco un apartado en su portada. El pasado jueves hablaba de “penas irrisorias” en el caso Batasuna, el domingo la organización declarada ilegal era de nuevo su objetivo. Así como el lunes, esta vez atacando a Otegui y a toda la izquierda abertzale con una entrevista a toda plana con Iñaki Recarte, conocido por sus crítica a ETA, organización de la que formó parte y durante su pertenencia asesinó a tres personas. El martes, se usaba a la Ertzaintza para dar a entender que el sector público vive obligado y subyugado por el euskera. Hazaña que ya emprendió hace 9 meses, aquella vez, con la sanidad vasca.

Es verdad, como me decía uno de los periodistas de El Mundo de la edición del País Vasco, que no todo es lo mismo. Pero sí lo es que el tratamiento esté orientada al mismo fin que señalaba antes: mostrar ante la opinión pública nacional, y que ignora la realidad del pueblo vasco, una situación totalmente diferente de la que es. También, el diario destaca por usar cualquier hecho aislado de minorías no representativas para desprestigiar a todo un colectivo o por crear sus propias realidades para deslegitimizar protestas pacíficas y sin relación alguna con el terrorismo. Ejemplo 1 y ejemplo 2.

 

Dicha edición, sí ofrece un seguimiento bastante amplio de a actualidad vasca, que no siempre busca el mismo fin que critico, pero lo que trasciende a la edición nacional y llena sus portadas siempre tiene la característica de mostrar una cara irreal, y desde mi opinión, sesgada. Los editoriales también recurren siempre a la demonización del pueblo vaco como eje trasversal y suelen sacar conclusiones demasiado aventuradas de una manera tan habitual y poco contrastadas que personalmente me abruma. El último ejemplo lo encontramos el primer lunes de agosto: “Un testimonio que revela que ETA sigue marcando el paso a los ‘abertzales“.

Pero esta práctica, y esto me remite a los porqué de este tratamiento, viene de muy atrás. Ya en el fatídico 11 de marzo de 2004, El Mundo fue uno de los tantos en sumarse a las mentiras del Gobierno que inculpaban a ETA, y el último en asumirlo. Tras conocerse que el autor del atentando fue Al Qaeda (por cierto, España ha destinado de manera opaca 8 millones a su financiación) y así lo reconoció Aznar, a quien sus mentiras le costaron unas elecciones, El Mundo continuó con su teoría de la conspiración, la llama de la cual, aún no se ha apagado. En relación, Las portadas de la conspiración del 11M lo reflejan bien, así como Seis mentiras de los ‘conspiranoicos’ del 11-M.

De la bendita hemeroteca me sirvo para argumentar que los porqué de El Mundo para seguir ese tratamiento informativo tienen una connotación conspirativa y  rebuscada -como muestra el 11M- así como ideológica y obcecada. Aquellos que tenga relación alguna con la banda armada o sus bastiones políticos son interpretados por El Mundo como ETA. Claro ejemplo es la campaña que periódico ha emprendido para criminalizar a Pablo Iglesias, en la que asocia el apoyo a Herrira o la doctrina Parot con la banda terrorista. Respecto a ello: “ETA, la publicidad de Podemos y la desinformación del establishment”.

Como mencioné en otro post, en el que usó El Mundo usó a Coca Cola para cargar contra la Izquierda Abertzale, este es un un tratamiento peligroso que genera odio y este, puede derivar en violencia, la cual debieran esforzarse en poner fin, por las vidas que se cobró y el incendio que creó.

*Nota: Para posibles víctima de la propaganda tanto de este medio como de otros tantos, sobre el caso Batasuna invito a leerel voto paticular de la vicepresidenta del nada menos que Tribunal Constitucional.

*Tras escribir la entrada, veo la portada del miércoles 6 de agosto. Referencia positiva a Bildu por la película ‘Ocho Apellidos Vascos’, llega meses después de que cargara contra la Izquierda Abertzale por su acogida  a la película.

La inmigración como peligroso argumento electoral

La inmigración como medio para culpar de los problemas de desempleo a un colectivo cada vez más estigmatizado, con el objetivo de ganar votos, es una práctica tan peligrosa como habitual. Este argumento electoral  no sólo genera odio, el cual lleva a la violencia, sino que alimenta los equivocados y cada vez más asentados prejuicios que la opinión pública tiene sobre los inmigrantes.

“Los magrebíes vienen a vivir de las ayudas sociales”, Javier Maroto, alcalde del PP en Vitoria, ha usado un discurso que se sirve de la creciente indignación de la población con intereses electoralistas. El Partido Popular logró en las pasadas elecciones europeas 16.978 votos, muy lejos de los 25.142 votos de 2009. En lugar de asumir la responsabilidad por los problemas que vive su ciudad prefiere desviar la atención y poner al inmigrante como para rayos de todas sus tormentas.

Maroto ha recurrido a la burda estrategia de utilizar lo que dice ser un malestar de “la calle” para inyectar a la opinión pública la realidad que a él le interesa. Este mensaje populista, que sólo alimenta negativamente la  muy distorsionada percepción sobre los inmigrantes, trata de llegar a sectores excluidos de la sociedad a raíz de los altos niveles de desempleo y recortes en derechos laborales, sanidad y educación que está aplicando el propio Partido Popular.

Pero la realidad es muy distinta. El número total de personas beneficiadas por ayudas es de 65.499, de las que 18.492 son extranjeras. (sólo 6.114 procede del Magreb). Un dato fundamental que se suele omitir, es que la población inmigrante representan solo el  6,6% del total. Es decir que si el 28% de las ayudas se destina a los inmigrantes hay que tener en cuenta que esa ayuda va a ese 6,6%. Isabel Camacho lo explica a la perfección en este artículo de eldiarionorte.

Otros dirigentes políticos han ido más allá del mero uso de la narrativa política. El primer ministro británico, David Cameron, presentó el martes nuevas medidas contra la inmigración con un fin claro, frenar la huida de los votantes hacia UKIP, ganador de las europeas en Gran Bretaña. “Nuestro objetivo es claro: un sistema de inmigración que tenga en cuenta primero a Gran Bretaña”, declaró. Un mensaje que coincide con el posicionamiento del partido liberal sobre inmigración, una de las mayores preocupaciones de los votantes, según muestran las encuestas de opinión.

El discurso es tan peligroso como falto de  fundamento. La propia Comisión Europea considera que los británicos nunca lo han probado con cifras. A pesar de que Cameron diga que espera ahorrar a los contribuyentes británicos 500 millones de libras en los próximos cinco años, los europeos aportan más a las arcas del Reino Unido de lo que suponen, según datos  de la BBC. Cuyas estimaciones van más allá, y afirma que el número de inmigrantes comunitarios que disfrutan de ayudas públicas es inferior a 10.000, frente a más de un millón de personas que reciben ayudas sociales.

El político inglés se ha servido de técnicas de comunicación y propaganda para vender unos mensajes populistas que parecen presentar soluciones creíbles a la opinión pública. El mismo martes escribió un largo artículo en el diario proconservador The Daily Telegraph y también ofreció un discurso en una oficina de funcionarios de inmigración. Acciones que han ido correctamente orquestadas con redadas policiales previas a la declaración del ministro.

Ambas formas del hacerse con los votos de una población descontenta e indignada incurren en el pecado de generar odio y posible violencia. No deberían producirse con ese fin, y mucho menos ser utilizados por políticos de manera tal que distorsione la realidad. En su lugar, los líderes de opinión debería dar ejemplo con su conducta.

*Nota: Sobre el caso de Maroto hay anális tan recomendables como el de Jose Luis Salgado: “Votos, populismo y xenofobia” o “La campaña del miedo” de Mikel y Oliver Gómez. Así como el de Isabel Camacho, citado anteriormente.

Foto (cc): Urbisnauta vía  blog de Juan Luis Sánchez.

¿Truco o trato en la reunión entre Mas y Rajoy?

Qué fácil es hoy comparar. Contraponer la portada de The Guardian con las de la prensa española es un juego tan odioso como necesario. El oportunista acierto de informar y desinformar al mismo tiempo que tanto beneficia al poder. Esa astuta tarea de usar una noticia para ocultar otras. El ruido generado sobre la reunión entre Mariano Rajoy y Artur Mas, que no ha desembocado en ningún avance sobre el soberanismo catalán, es una táctica para distraer a la opinión pública de temas que no les interesa. Una guerra de amor odio en las que ambas partes salen victoriosas.

La fachada del tabloide inglés lo dice todo. “The world stands disgraced”. Muestra un rostro que pone cara a uno de los colectivos mas vulnerables y afectados por el conflicto, los niños. Hace un llamamiento a la comunidad internacional, visibiliza el problema y le otorga la máxima importancia. Sólo el mero hecho de disponer los elementos de la portada de tal forma es de por sí una promoción de las consecuencias del problema. Por supuesto, no es el único ejemplo.

Y ahora la prensa nacional. El acuerdo entre los directores de todos los periódicos para colocar una foto en la que salen bien Mas y Rajoy, Rajoy y Mas, es descaradamente evidente. De uno en uno, los impresos de mayor tirada del Estado (El País, El Mundo, ABC, La Razón), también los autonómicos, le siguen el juego del poder, y no es que hayan caído en sus tentáculos, sino que ya conocían la trampa de antemano.

La manipulación no es sólo informar de manera sesgada, censurar o desinformar; sobrecargar hasta la saciedad un tema de forma interesada para ocultar otro que no, también lo es.

El debate sobre Cataluña beneficia al poder y la reunión, lejos de acercar posturas, es una estrategia tan habitual como deleznable. Los grandes medios lo permiten y se suman conscientes y sumisos. Así es la propaganda del establishment, una potente maquinaría de sutil manipulación que atropella a la opinión pública y la sume, aún más, en una espiral de desinformación.

Llenar páginas con información y opinión genera debate en la opinión pública, coloca en el foco de la actualidad el tema deseado mientras desplaza y oculta el que no. Ese que acecha ahora con mayor intensidad a ambos dirigentes,  la corrupción.

Este es el truco y el único trato al que llegaron los dos políticos el pasado martes en La Moncloa.

Felipe VI y el cuento de la trasparencia

Felipe VI ha propuesto una serie de nuevas medidas en el ámbito de la transparencia y austeridad de la Casa Real un mes después de su llegada al trono. Las disposiciones, lejos de ser innovadoras en relación a otras monarquías, son un intento del monarca de hacer frente a la crisis de credibilidad de una institución asolada por las tempestades de  los últimos años.

A pesar del intento de los grandes medios de comunicación por hacer creer que las consignas dictadas por Felipe son el nova más de la transparencia, no son más que un precario remedio para paliar las críticas que se han vertido sobre la institución y mostrar a la opinión pública que está ante ‘una monarquía renovada para un tiempo nuevo’, como dijo en su discurso de coronación. Estas medidas son poco más que el  mínimo que se debería de exigir a una entidad que se financia con dinero público.

El rey impedirá a la Familia Real trabajar en el sector privado. Es decir, utilizar los contactos que se hacen durante el ejercicio de un puesto público para lucro de una empresa privada. Una medida que junto a la de desvincular a las infantas de las actividades habituales de la Casa, la privación de estas a los ingresos que percibían por la representación institucional del Estado y diferenciar entre Casa Real y Familia del rey trata de acallar uno de sus mayores problemas tras el caso Nóos y la imputación de la infanta Elena.

También se establecerá un régimen jurídico para regular los regalos recibidos por los miembros de la Famia Real, pero no se dice nada de todos los que ya ha recibido Juan Carlos I, (los automóviles Ferrari valorados en unos 500.000 euros de un jeque árabe o el yate Fortuna que empresarios baleares le regalaron son algunos ejemplos, tampoco de los gastos especialmente altos que se han efectuado durante los años de reinado del monarca (3,4 millones de euros en construir un pabellón de caza en el Palacio de la Zarzuela).

Felipe V trata de dar una imagen de transparencia, un intento de mostra que gobierna con hechos y no con palabras. Ya le comparé con el papa en una ocasióny ahora tampoco es para menos. Si el papa vendió la moto de los abusos a menores, el rey lo hace con la transparencia. No se conoce la fortuna del anterior monarca. Las cuentas de Juan Carlos I se han visto históricamente envueltas en un halo de secretismo, por su inviolabilidad y  la negativa de la Corona a publicar sus cuentas, así como su patrimonio. De hecho, no fue hasta finales de 2011 que la institución se decidió a publicar y desglosar su presupuesto por primera vez en la web. “La controvertida fortuna privada de Juan Carlos I, ¿un secreto de Estado o un bulo periodístico?”.

Entonces, no se contabilizaron otros muchos gastos asociados a la Corona, como los viajes al exterior, la seguridad o los coches oficiales, que están asignados a partidas presupuestarias de otros ministerios como Defensa, Interior, Exteriores, Economía y Hacienda y Presidencia, entre otros. Para combatir estas críticas, Felipe VI, someterá las cuentas de la Casa a la Intervención General del Estado que, mediante la firma de un tercer convenio elaborará una auditoría externa y pública de las mismas.

Las medidas se presentan como un ejercicio ejemplar de transparencia, así dan cuenta los medios de comunicación del país en su intento de mejorar la reputación del rey, y aunque sí suponen un cambio de tendencia en la manera de actuar de la Casa Real no va más allá de una declaración de intenciones. Una buena estrategia con el objetivo de lavar su imagen y presentar una monarquía nueva. Pero no olvidemos que este paquete de medidas no incluye nada que otras monarquías europeas lleven haciendo durante años y que la monarquía española es aún una de las menos transparentes  de Europa.

ETA, la publicidad de Podemos y la desinformación del establishment

Soy uno más de esa sobre informada opinión pública que a diario recibe de distintos medios mensajes sobre una formación que ha cobrado especial relevancia en el contexto político del país. No simpatizo con Podemos, tampoco me gusta Pablo Iglesias. Quizá porque están en medio de una inservible batalla de detractores que tratan de deslegitimar a la izquierda y detractados que responden como forma de publicitarse gratis. También es probable que me haya tragado la propaganda de que se sirven de un discurso revolucionario y populista para atraer a las víctimas de la crisis y a los indignados por los remedios caseros del gobierno de turno.

Las comparaciones y aproximaciones de la formación política con ETA o el nazismo han creado un ruido tan ensordecedor que beneficia a Podemos y al Gobierno. Una lucha de intereses que pugnan entre el auto bombo y la desinformación.

Podemos se comienza a afianzar como la alternativa al gobierno actual y se convierte en el eje sobre el que gira la agenda informativa de los medios, lo que se traduce en notoriedad y gran exposición mediática. Es decir, sigue estando de moda  y subidos en la cresta de la ola, lo que desemboca en que los medios les concedan más espacio, su mensaje se difunda más y que cada vez sean más los que se decanten por ellos. El lado negativo son las consecuencias que llegan de la campaña criminalización ejercida por parte de grandes medios cercanos al poder, los que más influencia tienen.

Pero también Rajoy y compañía salen beneficiados, no sólo por los ignorantes a los que consiguen convencer de que Podemos es ETA y que el bipartidismo es la mejor alternativa, sino porque este ruido silencia, desvía la atención de sus polémicas leyes y contamina a la opinión pública con una guerra, cuyas pérdidas desgravan en la batalla final. Además de dividir a la izquierda, quitarle votantes a su eterno rival -el PSOE- y alimentar el apoyo hacia Podemos y resto de agrupaciones de izquierda, mientras el PP se erige como única opción de derecha.

Es cierto que el Gobierno pierde cada vez más credibilidad, pero confían en que el oasis de la recuperación eclipse todos sus errores. También el rifi rafe radicaliza la postura de la opinión pública ante el fenómeno que consiguió cinco escaños en las pasadas elecciones. Aquellos que tenían una opinión poco formada sobre el partido de Pablo Iglesias se posicionan a un lado u otro, y los que ya la tenían, la afianzan aún más, sea para bien o para mal.

Ambos ganan en esta guerra, y por ello la mantienen abierta. Podemos, con su estrategia de llegar a los tribunales -una acción de relaciones públicas común para visibilizar su mensaje-, también movilizando a la sociedad para que se una a su insaciable pugna contra el establishment, el cual con sus continuos ataques alimenta el conflicto. Muestra de ellos es el último, el artículo en ABC de la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre.

Es la sociedad quien pierde. Los daños colaterales provocan que se hable de ETA con una naturalidad, que personalmente me abruma. Se fomenta la desinformación y se hipoteca, aún más, la credibilidad de grandes medios. El hecho de que un periódico de la influencia de El Mundo asocie a Herrira con ETA es, cuando menos, cruel y negativo para subsanar una herida abierta hace mucho tiempo y que aún no ha cicatrizado. Ofende y prende una llama que todos deberían esforzarse en apagar cuanto antes, por las vidas que se cobró y el incendio que creó.

Reflexiones tan sombrías como una nublada tarde de domingo

138 equipos, 100 kilómetros, 525 participantes (y sus familias), casi 200.000 euros. Un jugador, dos equipos y 80 millones de euros. No se preocupen, son sólo cifras.

Este fin de semana he tenido la suerte de poder contemplar en primera persona el esfuerzo de tanta gente dejándose el alma por completar un reto, para el que muchos siquiera estaban preparados, con la única motivación de lograr fondos para aquellos que nacieron sin oportunidades ni posibilidad alguna de de una vida mejor, sin siquiera la opción de imaginarla. El futuro es el lujo de los que se alimenta, escribía un soberbio Martín Caparros.

No crean que cualquiera se enfuda sus zapatillas, se viste de corto con una sonrisa sincera y se dispone a hacer 100 kilómetros por amor al arte. Ni crean que ocurre con normalidad que para ello tengan que conseguir 1500 euros. No, eso parece un mundo paralelo y como lamentablemente no es novedad, ni siquiera noticia, escribo hoy sobre ello. Perdonen por ponerme trágico, pero es que me encantan los símiles, la demagogia fácil y barata. Dichosa fortuna tenemos los que podemos comparar.

No concibo hasta qué lejano horizonte esta sociedad se ha vuelto loca. Ya no sé si por esos que pierden el tiempo en recorrer todos esos kilómetros  o por no escandalizarse cuando ven en las portadas de los periódicos cifras astronómicas por un jugador de fútbol. Desconozco, y profundizo en mi demagogia, cómo la sociedad ha sobrepasado sin pudor ni frenos la fina línea que separa el deporte como poder económico mundial y ese que se practica de manera altruista.

No pienso volver a cae en la demagogia de los 100 kilómetros porque ese es tan solo un pequeño ejemplo de tantos. Tampoco quiero generalizar e incluir en el mismo saco a aquellos que aún haciendo todo lo que está en su mano, saben que su mano nunca es suficiente; y a los que ni siquiera saben qué hacer y afrontan los problemas permitiendo que se pierdan en el olvido.

No voy a hacer una comparación más sobre las oportunidades que brindarían a miles de personas que nadie visibiliza ni ponemos cara los simbólicos 80 millones que han pagado por un jugador. Ese sobre el que hablan millones de personas por un simple mordisco. No quiero abocarme a tan fácil demagogia porque no es la primera vez que pasa, ni es el caso más sonado, y eso es lo que me preocupa: no haber caído antes en este paradigma. En haber estado aletargado por lo cotidiano, ebrio por el brebaje de tantos problemas ya normalizados.

No sé si es que el mundo está al revés o soy yo el que está cabeza abajo, canta Fito, pero es que no puedo ver esas meras cifras de las que les hablaba y no pensar en esa intricante deriva que hemos tomado y que nos ha insensibilizado hasta el punto de ver cómo lo descabellado es ahora tan normal que se convierte en el pan nuestro de cada día. Para el que pueda permitírselo.

No sé en qué momento decidimos, o si alguien lo hizo por nosotros, que se tenía que hablar de lo fácil y olvidar la realidad que nos rodea y que grita sin apenas hacer ruido. Desconozco si -como decía San Agustín- el hombre es bueno por naturaleza o son los males de este mundo los que le convierten en malévolo.

No consigo atisbar quiénes fueron los insensatos que dictaminaron que el dinero se invirtiera en los que jamás conseguirán gastarlo todo y tampoco quién fue el maestro que a estos enseñó a no compartirlo con aquel que jamás comprenderá que existe algo más allá en esta vida que comer cada día. Sólo sé  que todos lo permitimos a diario; interiorizándolo y comentándolo en el bar y obviando el problema como si ello -aunque fuera- hiciera mejor nuestra vida. Va más allá incluso que del propio egoísimo.

Sí. Una vez más escribiendo desde la dichosa demagogia. Indignado. Incomprendido. Preguntándome ya no qué hemos hecho mal, sino qué podemos hacer por enmendarlo. Una respuesta que ahora se torna para mi tan sombría como esta nublada tarde de domingo.

Desahucios. Demagogia o criminalización

27/06/2014

Kutxabank desahucia a una familia con dos niños y un bebé de 20 días. La policía ha detenido a seis personas y otras tantas han sido heridas durante las cargas. La entidad bancaria se mostró en un primer momento favorable a ofrecer en alquiler una vivienda social debido a los informes de la trabajadora social, pero posteriormente, y sin previo aviso, formalizó el desahucio para el 21 de mayo. No se realizó hasta un mes después porque la mujer iba a dar a luz. La familia mantiene a su hijo con 550 euros al mes. 49.964 familia perdieron su hogar en 2013, un 11% más que el año anterior. El 80% de las viviendas eran el domicilio habitual de los afectados.

Un desahucio es algo tan grave como que una familia se queda sin casa y en la calle, en muchos casos con una deuda a la que no puede hacer frente, lo que ahonda más en su precaria situación. Es una situación trágica que asola a las familias más pobres del país. Además, las leyes no contemplan el arreglo de los problemas, sino que lo dificultan. Informar de ello de manera rigurosa es fundamental para concienciar a la opinión pública de la gravedad de problema, recavar mas apoyo y construir una fuerte movilización que cambie la realidad social.

1. Demagogia

Cuando te plantas ante una información sobre desahucios, como no podía ser menos, te enfrentas a todo tipo de propaganda. La que comete el pecado de caer en la demagogia. Tan peligroso, como poco fructífero para crear una opinión pública informada.  Aquí se incluyen noticias que titulan con el número de detenidos y heridos en “un desahucio” y eligen sus imágenes de acuerdo con ese criterio. Leo diferentes noticias con un enfoque similar en El Diagonal y en laRepública.es.

En Tercera Información, sí veo la historia del desahucio, pero hay un componente valorativo tan fuerte que impresiona al lector, quien debería ser el que se de cuenta de la gravedad por sí solo. Sin caer en un exceso demagogia , Laura Olías firma en eldiario.es una noticia con un enfoque muy bueno y que recoge en parte el contexto, pero que no da datos de cómo se llega a realizar ese desahucio. Clave, desde mi punto de vista.

En muchos casos se apela al drama de las familias sin ofrecer datos que den contexto la situación, no sólo en lo referente al número de desahucio, sino también en cómo se efectúa cada uno. Tesitura económica de la familia, petición de alquiler social, cómo se ha comportado el banco y todo lo referente al proceso que culmina finalmente con el desahucio. No se trata de indignar a la opinión pública, sino de hacer que tome conciencia.

2. Criminalización

Por otro lado, está la propaganda del que criminaliza a los asistentes y estructura la noticia en base a las declaraciones de la policía, como esta información de El Mundo, que incluye en el subtítulo algo tan banal como que la mujer padece obesidad mórbida. La fórmula en este tipo de información pasa también ofrecer el número de detenidos, dar entender que la policía tuvo que emplearse a fondo y buscar una asociación entre estos que haga perder la legitimidad al desahucio. Un claro ejemplo es esta información de El Correo, que asocia el desahucio a Verstrynge, de quien se encargan de dejar muy claro que ha sido detenido en otras ocasiones.

Este tipo de propaganda también se caracteriza por el efecto dominó. Una agencia de noticias emite un teletipo y el medio, que no ha presenciado ni vivido el desahucio, dice informar de lo ocurrido. Esto se suele dar en grandes medios, dependientes de la financiación de los bancos que realizan estos desahucios, para sobrevivir.

El tratamiento informativo adoptado en estos casos no sólo no informa, desinforma, oculta la realidad social que viven miles de personas y no contribuye en nada a crear una opinión pública consecuente e informada.

 

*Nota: La imagen es de Stéphane M.Grueso (@fanetin) que ha presenciado e informado del desahucio desde las 7 a.m

La derrota de una selección. La victoria de un país

La dos veces campeona de Europa y vigente campeona del mundo ha recibido una dura reprimenda durante su actuación en este Mundial. La caras tristes de unos jugadores que representan a un país en plena crisis social muestran el sentimiento de este en lo que no concierne al fútbol.

Por fin ha explotado la burbuja del fútbol. Esa que viene desde mas allá de la del ladrillo y que sin ser responsable de la crisis sí lo es de manera indirecta de que sus consecuencias hayan pasado inadvertidas. El opio del pueblo, el cual parece comenzar a desintoxicarse de una droga que le ha tenido aletargado durante tantos años.

El último paso a ciegas hasta darnos de bruces con la dura pared de la realidad. La última tabla a la que se aferraron políticos y empresarios en la deriva del país para que la situación quedase cubierta por un halo de rojo esperanza. Donde los avisos de expertos financieros quedaban ahogados por los gritos de júbilo. Eso fue en 2006, cuando ni siquiera vislumbrábamos el arduo horizonte que hoy es nuestro pan de cada día, y levantábamos la Eurocopa tan orgullosos como inconscientes de lo que nos esperaba.

También tuvo lo suyo el enorme éxito del Barça: el del triplete y las dos copas de Europa. Todo el país disfrutaba viendo jugar a los bajitos que llegaban convertidos en dioses mediáticos al Mundial, y lo ganaron. El orgullo era el de un país en caída libre. Llegó de nuevo la Eurocopa entre rescates y recortes y la volvieron a ganar. Parecía un sueño, una hazaña insuperable. El resplandeciente sentimiento patriótico seguía eclipsando la realidad que ocurría en las calles.

A finales del pasado año llegó la duda por el nueve de la Roja. Los máximos anotadores del Mundial y de la Eurocopa no pasaban por su mejor momento y junto con la polémica nacionalización de Diego Costa el gobierno se marco un estupendo regate para acabar marcando un estupendo gol que se traducía en un opaco apoyo a EEUU ante una intervención en Siria, que gracias a dios sabe qué Santo no se llego a consumar.

Pero ahora, cuando el gobierno y el establishment más necesitaba del éxito de La Roja esta les deja en fuero de juego. Los rostros de abatimiento y vergüenza de los jugadores sí son ahora un verdadero reflejo del contexto social que impera en España, del fin de una era que comenzó a gestarse gracias al 15M, un año después de aquel gol de Iniesta en Johannesburgo.

Las dos caras de una moneda, que por un lado muestra la bonanza del deporte y por otra, la miseria social de un país ahora desnudo, a la intemperie…

Al fin llegamos a atisbar, como si de un largo trance nos despertáramos, el batacazo de la democracia en las elecciones europeas, los polémicos artículos de la reforma de la ley del aborto y las enmiendas que han rechazado con mayoría absoluta. Las draconianas, y lo dice la BBC, leyes que regulan los deshaucios, esos que se producen cada quince minutos, siete en lo que dura uno de los partidos de la Roja.

También la desigual reforma fiscal, gracias a las que las grandes fortunas siguen lucrándose de las leyes del gobierno. La llegada al Tribunal Supremo de la justicia universal, que ha dejado a 48 narcos sin legislación. La hambruna de votos que acecha a PP y PSOE y las ganas de decidir de un pueblo sobre el modelo de Estado, que acumula ya 39 años de obsolescencia. El paraguas informativo bajo el que la monarquía ha vivido tantos años comienza a desintegrarse debido a una incesante lluvia ácida de escándalos.

Los casos de corrupción y la desigualdad de género está en boca de todas y ahora también de todos. El forofismo exacerbado, ese espectáculo más propio del circo romano ya no oculta los excesos gubernamentales. El fútbol, tras la caída al abismo de la selección, dejo de ser un aliado y por una vez en muchos años se posiciona en favor del pueblo, aunque este todavía lamente la derrota.

Ojalá pudiéramos diferenciar entre deporte y sociedad. No crean que me alegro por la derrota de una selección, sino por el triunfo de un país.