Domingos

Domingos de palabras vacías y promesas ficticias: ‘¿Qué tal anoche? Ya nos veremos?’
Como si algún día volviera, como si olvidara que cada día es un momento. Y los momentos nunca vuelven.

Domingos de recuerdos vagos y consejos que sabían a cerveza mal tirada.
Querer salir sin cerrar la puerta no es amar, sino un capricho pasajero. Una mentira sostenida hasta que su egoísmo ceda.

 

Domingos de pensar en algo más que amar o llevar al altar.
‘¿Qué busco? Sólo que tus sandalias no me dejen ir sin darme sus mejores bailes’.

Domingo de recordar, de soñar… de sentirse vivo.
Ha sido, ocurrió, es verdad. Fue en una noche, una fecha que le marca tiempo al tiempo.

También, domingos de imaginar entre exhausto y alegre, entre ese aliento de resaca y la falta de certeza.
Y si una duda te hace señas a diez mil kilómetros, lo dejas todo, te arrojas. Tú nunca puedes dudar.

Sin embargo, domingo de textos sin sentido, de escribir sin saber por qué, pero sin dejar de pensar.
Y ante la duda de si intentar lo que nunca fue conseguido, armarse de valor e intentarlo sin cesar.

Domingos, gracias a ello, de darse cuenta.
‘Nunca lo consiguió hasta que entendió que no se trata de acercarse a la felicidad. Eso no existe; sino de alearse de la tristeza. Y de recibirla, si llega, mirándola de frente: impertérrito. 

Simplemente, domingos en los que el pensamiento dispara aletargado y domina el sinsentido.
‘Quién soy, quién habré sido’

Domingos en los que los sueños se proyectan en cada rincón, como una película sin guión ni director. Sin desenlace.
‘Un éxito, amigo. Será un éxito. Y sino, sólo quedará volver a intentarlo,’ me digo mientras miro esa pared llena de historias.

Y domingos en los que, como siempre, el sol se arroja hacia el vacío preparado para morir de nuevo y volver una vez más. Ella -la luz del camino- siempre vuelve al alba.

Ahora, ya es lunes.
‘Lunes de…?¿’

Cinismo

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, decía Machado. Salgo del trabajo, 42° a la sombra. “Qué calor”. Cruzo Gran Vía, hasta la bandera. “Cuánta gente”. Atravieso Callao, lleno de voluntarios pidiéndome la voluntad. “Qué pesados”. Al fin llego a una de esas calles que cruzan el caos en medio del silencio, es estrecha, huele bien -acaban de echar al suelo agua con detergente, suena en aleatorio una buena canción y hay brisa, de urbe inaguantable, pero brisa. De repente pasa una moto de 49 cc con el escape reventado controlando la frenada para no tener que parar en el paso de peatones sin atropellarme. “Puto ruido”.

Vuelvo de nuevo a una de las calles principales, llena de tipos que no son de la ciudad, como yo. Ellos están allí tranquilos, disfrutando, yo no. Ellos han elegido estar allí. “Joder, yo también”.  Cruzo entre un grupo de renacuajos con gorras del revés poniendo música (ruido hecho canción) en un altavoz en frente de un lugar que vende comida basura, y ensaladas. Ahora también venden ensaladas. “Capullos unos y cínicos los otros”.

Al final llego a la calle que me dirijo, siempre tranquila, excepto cuando pasa el bus de color rojo, como si fuera de Londres, lleno de los turistas que llenan las calles y chocan después contra mi hombro en Gran Vía.
Entro a una pequeña tienda de libros donde también puedes pedir una cerveza. Es acogedora, huele a tranquilidad y se respira inteligencia.

– “Buenas tardes, ¿tienes ‘El Establishment’, de Owen Jones?”

Me mira extrañado, como si le hablara en otro idioma.

– “Perdona, ‘El Establishment, de Owen Jones’.”

Silencio.

– “O w e n    J o n e s.”

(Será capullo, pienso sobre el tipo cuyo rostro irradia felicidad)

– “Ah, Owen Jones. Claro que lo tengo, es que no te había entendido”.

Le sonrió y le digo tratando de mantener con mis palabras la simpatía que él desprende:

– Perdón, tengo la boca seca y se me atrapaba el nombre.

Mira hacia la barra: tienen agua, cerveza, zumo y refrescos. “Sólo quiero un mísero libro.”

Como si me adivinara la mente, dice.

– “Tengo el libro aquí, pero no es el último. El anterior….”

– “Quiero ‘El Establishment’, no por el autor, sino porque quiero leer sobre ese tema”.

– “Sí. Ahora está muy de moda”.

Bien, ya eres uno de esos intentos de intelectual que necesita comprarse un libro para sentirse interesante. Sigamos.

– “Pues el primer libro está muy bien…”

El hombre, que sólo quiere vender un libro más para sacar un par de duros de beneficio, no sabe qué día he tenido. Pienso.

– “No, gracias. Cóbrame, por favor, que tengo prisa”.

No he dejado de sonreír aún, yo también soy un poco cínico.

– “¿Tienes tarjeta de socio?”

“No, y mejor no me la hagas que no sé cuanto tiempo estaré en la ciudad. Suelo comprar en la Casa de Libro, porque trabajado al lado, pero suelo ver esta tienda y he dicho. Joder, mejor comprar aquí, ¿no?” (Soy un cínico)

– “Sí, gracias, aquí eres siempre bienvenido”

He dejado de escuchar. Lo único que recuerdo cuando salgo de la tienda – en el tiempo que ha pasado entre que me ha dicho el precio, he puesto el número secreto de mi tarjeta y me he ido- es que le he dicho que no necesitaba bolsa, que vivo cerca y así no la gasta. Como si le hiciera un favor, otro más, por comprarle el libro a él y no a la Casa del Libro. (Soy un puto cínico)

Al fin llego a casa. Estoy sudando y no quiero hacer nada que no sea leer la novela que empece ayer. Pero hay que hacer deporte. Qué pereza, 42°, el gimnasio a 15 minutos corriendo y mis piernas no responden a nada que no sea un sofá. Pero uno de mis discos favoritos me convence, y salimos.

Y fin.

 
Hace poco más de un año que llegue a esta ciudad con ganas de aprender, de comerme el mundo. Entonces era un tipo que creía que podía hacer algo “grande”, que era maduro para mi edad y era mi momento de demostrar lo que valía. Pero también era el niño que lloró cuando toco despedirse de sus padres porque por primera vez se iba a vivir fuera de casa (y lo sigo haciendo cada vez que lo recuerdo).

Vine con decisión, con entereza y templanza, con más ganas que saber. Ahora es al contrario, paseo más conocimiento que ganas. Los pasos que me guían por esta ciudad han dejado de ser decididos, no tienen un horizonte que conquistar antes de atisbar el siguiente. Me he convertido sin quererlo en un infame que se enfada cuando alguien no está tan frustrado como yo. Y si lo está, peor, porque me reconozco de manera inconsciente y le miro con desprecio.

Quizá haya llegado el momento de cambiar de ciudad. “La paciencia es mejor aliada que la inteligencia”, me avisa quien conoce mi ser impetuoso.

Quizá haya llegado el momento de cambiar de vida, no de ciudad. Una vida en la que seas el tipo que irradia felicidad mientras el capullo amargado se crispa. De poner la primera piedra de un gran rascacielos, -que ya va por la segunda planta aunque prefieras pensar que las obras no han empezado aún. Quizá esa sea la clave, pensar que todo queda para mantener siempre la ambición del principiante, pero con el conocimiento del que ha sido castigado en mil batallas.

 

Son las 6 de la mañana. Estoy en el aeropuerto de Loiu, el más cercano a mi hogar o al de las personas que quiero. Mi maleta es tres veces más pequeña que la primera vez que me fui, pero el bagaje es cada vez más grande.

Antes de pasar el control, miro a mis padres y les digo un ‘hasta la siguiente’ un poco más largo de lo habitual. Lloro de nuevo. El que se cree un hombre llora como el niño que recuerda. En ese sentido no ha cambiado nada. Ojalá que no lo haga. 

Me subo al avión y miro por la ventana. Lo que me rodea ya no huele, ni bien ni mal. No se oye ruido, no siento a los tipos que se chocan contra mi hombro, no juzgo a nadie por lo que hace y sonrió cuando veo a una madre feliz tratando de que su recién nacida entienda que sea ha despertado antes del amanecer para volver a dormirse después de que amanezca. Le queda tanto por aprender, como a mi. Pienso (o quiero pensar). 

Suena bien.

El choque entre Podemos y Ahora en Común: construcción o suma

Es un momento político apasionante. Cargos de Podemos, IU, Equo y de candidaturas municipalistas crean una plataforma ciudadana por la confluencia para las generales, Ahora en Común. “Es el momento de construir una marea ciudadana por la confluencia capaz de continuar con la senda de cambio de los nuevos Ayuntamientos y ganar las elecciones generales”. Podemos lo rechaza. “No nos vamos a situar donde el enemigo quiere, donde no se ganan las elecciones”

Tanto Podemos como Ahora en Común tienen la misión de ganar las elecciones generales y devolverle el poder al pueblo, pero ambos tienen dos concepciones distintas de cómo lograrlo. Y no se van a encontrar, pero la piedra está en el tejado de Podemos.

Nadie supo aprovechar la situación que vivía España como un pequeño grupo de intelectuales de izquierda que ahora tienen en su mano un caballo ganador. Tienen la posibilidad real de hacerse con el poder del Gobierno y abrir la veda de un cambio social desde la política.

Podemos nació el año pasado, pero se fraguó mucho antes. Quizá el primer escrito que lo presagiaba es la tesis doctoral de Iñigo Errejón, “La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo”. En ella se trazan las líneas generales que ha venido siguiendo Podemos desde 2014 y aventura las que llegarán.

“El elemento central de la hegemonía (construcción de un poder político en un sistema democrático) es el de la reunión de diferentes elementos en una construcción que los articula y modifica: un consenso activo, una voluntad colectiva cuya unidad trascienda las identidades particulares de sus partes constituyentes”. Así empieza algo que Iñigo Errejón, el estratega de Podemos, tiene muy claro, “Construcción en lugar de suma”. Para entender cómo piensa Podemos hay que saber qué piensa Errejón y cómo lee la oportunidad de cambio actual.

Martin Motta define la hegemonía como la consecución del consenso de los subordinados (el pueblo) a ser gobernados, conquistada por el grupo dirigente por medio de la coptacion, la desarticulación y la internacionalización de un sentido común que naturaliza al organización presente de las relaciones sociales. El grupo dirigente como lo entiende Errejón es Podemos, un bloque intelectual tal y como lo define otro de sus referentes intelectuales, Antonio Gramsci. “Una articulación que debe cimentar el bloque en el terreno de la cultura y la ideología, en un trabajo de unificación y producción de una nueva totalidad”. Y ahí está la clave: nueva.

El proyecto político de Podemos se cimienta sobre la creación de algo totalmente nuevo, sin las siglas de lo antiguo (como lo son IU o Equo), pero si contempla un reagrupamiento de intelectuales en torno a si para definir un bloque ideológico a la altura. De ahí, la inclusión de Tania Sanchez en las listas de Podemos y el ofrecimiento a Alberto Garzón o Beatriz Talegón.

De esta premisa pasamos a la máxima, “detentar el poder estatal”. “La dominación puede reforzar la hegemonía y ayudar a reproducirla, pero no puede sustituir la operación ideológica fundamental en que consiste la hegemonía, por la que una clase social “fundamental” presenta su liderazgo “como la fuerza motora”, escribe también en sus tesis Iñigo Errejón. Podemos ha logrado un liderazgo y no lo va a soltar a unos meses de las elecciones.

Sobre las bases anteriormente señalada se asienta la posición de Podemos ante la confluencia. Construcción de un bloque nuevo, liderazgo y elaboración de un discurso para alcanzar la hegemonía. Todo lo que no sea eso, no entrará dentro de sus planes.

Podemos lleva un año y medio siguiendo esta hoja de ruta. Entonces nadie entendía su proyecto y no creían llevarlo a cabo. Se arriesgaron, como explicaron el día de la presentación del germen Podemos en Lavapiés y siguen haciéndolo ahora.

Lo que ocurre cuando los que entonces no supieron ver este cambio y llevar a cabo un proyecto de altura, es que entienden que el nuevo contexto (creado también gracias a la creación de Podemos) necesita de la unión de los que siempre estuvieron separados, la izquierda. Y nace Ahora en Común, que promueve un proyecto político totalmente contrario al que entiende la formación que hace falta para ganar.

Caben dos consideraciones a estas palabras. Las elecciones autonómicas y municipales sólo eran parte del camino de Podemos para su verdadero destino, las generales. La posibilidad de comenzar a comunicar el cambio desde las instituciones es la mejor forma de decir que es posible hacer lo que parecía impensable. Pero no confundamos estas coaliciones para detentar el poder local con el verdadero fin de Podemos.

Por otro lado, hay que entender que este proyecto nace gracias a un pequeño grupo de intelectuales con Errejón a la cabeza. De ahí, también, las listas plancha. Mucha gente se ha unido al concepto de Podemos, pero el proyecto que lo articula nació y sigue estando en muy pocas manos. Ellos se arriesgaron y apostaron por él, ellos deciden. Si no lo entiendes, te quedas fuera del grupo intelectual que lo compone. Es selección natural.

Las criticas a la forma de actuar de Podemos van desde la concepción que parte de que este modelo de actuar no es democrático a las que aseguran que no tiene al pueblo en cuenta. Y así es. Pero el proyecto que promueven sus detractores no ha dado resultado hasta el momento. Además, si muchos de los intelectuales no entienden el proyecto que ha concebido Podemos para ganar, ¿cómo va a entender esta idea el pueblo? Podemos aboga por canalizar la voz del pueblo y adaptarla a política -esa es su herramienta de cambio, fomentar una participación democrática sin precedentes y hacer al pueblo soberano de sus decisiones, ¿pero está lo suficientemente preparado ahora como para hacerle responsable de un proyecto tan ambicioso?

En definitiva, el choque de postura e ideas políticas es emocionante e interesante de analizar. Como lo es el proyecto de Podemos a corto plazo, estas elecciones, o largo, las siguientes. El cambio no se produce de la noche a la mañana.

“El moreno” y la indiferencia de marca blanca

Son las 8:30 de la mañana y llevo dos horas trabajando en el ordenador. Mi abuela se levanta, de la cama, porque despierta lleva desde las cinco de la mañana, o eso me dice mientras me ofrece un cortado. El día pinta tranquilo: un paseo con ella, un té con galletas en un cantón al lado del río y después, tras llevar las bolsas de la compra, ayudarle a preparar puré. He madrugado. Tengo que trabajar y cerrar varios asuntos antes de dedicarle la mañana. Dedicarnos.

De repente el timbre me asalta. Estaba trabajando y me desconcentra. ¿Quién diablos se atreve a molestarme?, pienso. Es el “moreno”, como le llama mi abuela. “Toca ir a la huerta”, me dice. Me pongo unos pantalones viejos de mi padre y un jersey embellecido por el paso del tiempo, muchos lo llamarían vintage. Otros, quizá algún que otro bloggero, me crucificaría públicamente por dicha combinación. “Qué haces vistiéndote así, ¿tú también vas a trabajar?”. Claro, le digo sin saber que quería decir esa palabra.

Llega “el moreno” con una gorra en la que se lee “Jesús loves you”, unos pantalones de quinta mano -o al menos eso evidencian los bajos desgastados, los remiendos y una tela  que delata cientos de lavados- y unas gafas de sol. Aunque a mi lo que más me llamó la atención fue su sonrisa. Quizá, porque contrastaba con mi gesto serio y ya cansado -había madrugado- mirando hacia el horizonte mientras conducía. Sin darme cuenta buscaba con la mirada la imagen de una de esas grandes franquicias con las que me topo cada mañana cuando salgo de casa, en la gran ciudad. Estoy de camino a una pequeña aldea de 15 habitantes, las únicas marcas que veo son las de algún que otro bote de pintura tirado por el suelo y vallas publicitarias que ya han perdido el color. Llevan allí meses, quizá años.

“A ver cuándo abren esa carretera. Llevan toda la vida de obras”, ironiza sin quererlo mi abuela, con unos cuantos años a sus espaldas. “Qué más da, Conchi. Si nunca vas a tener que cogerla”.

El moreno hoy ha salido de casa un poco antes de lo normal para ayudar a limpiar la huerta que mi abuela se vio obligada a dejar de mantener cuando mi abuelo murió.

Supongo que dolerá ver cómo limpian de hierbajos lo que en otro tiempo eran tomates maduros, pimientos, calabacines y un sinfín de verduras que hacías crecer con tu marido, pero ese es otro tema.

Mientras yo conduzco, él hace comentarios sobre el estado de la carreta y habla de que la recorre cada día. “Aquí suelto el freno, llego a la curva a 70 y ya la cojo bien”, explica. Ni me había planteado dónde trabajaba, quién era él más allá del inquilino al que mi abuela alquila el piso y gracias al que tengo wifi para escribir estas líneas.

“Y qué tal con las vacas”, comenta mi abuela. La pregunta me atraviesa, llevaba todo el camino dándole vueltas a todo lo que estaba dejando de hacer por estar conduciendo hacia un campo para “perder” el tiempo recogiendo hierbajos en vez de escribir el reportaje que tenía que haber entregado ayer.

“El moreno” es vaquero, no de los del viejo oeste, sino de los que cuidan vacas. Todos los días se levanta y acude puntual a su cita con ellas. El sólo hecho de pensarlo me frustra. “Vaya trabajo”, me digo para mi. Sin quererlo le estoy despreciando, creyéndome más por trabajar en algo “mejor”. Por ganar más dinero, porque mi vida es más plena. Entiéndame, vivo en Madrid, en la capital. Trabajo en Gran Vía, en el centro… Por supuesto, no pienso nada de eso, pero todo está en mi subconsciente. Es lo que ha provocado que no le haya prestado atención hasta que la solidaridad por su ‘laburo’ me ha atacado. Yo, que soy muy buen tipo, he sentido pena por él cuando ha dicho que era vaquero.

El trabajo de “el moreno” es realmente duro. Tiene que cuidar a un centenar de vacas cada día con 34 grados abrasando su piel, con el calor que ellas desprenden y sin agua medianamente bebible a 5 kilómetros a la redonda. Lo sé porque me lo explica mientras cortamos hierba con una hoz y la apilamos en torno a un gran montón al lado de un árbol.  No llevamos ni quince minutos trabajando y yo ya estaba sudando, sin camiseta y sin parar de quejarme por el calor. “Y eso que son las 10. Imagínate a las 2”, dice.

Yo no pregunto, no hablo. Sólo me quejo de cuando en cuando para tener algo en común con él. Pero él no abre la boca y se limita a comentar el sonido que inunda el ambiente. Son un par de sapos que están en el río. “Está diciendo quién manda en esta charca,” comenta.

Estoy haciendo algo que no me gusta, pero lo hago porque no pensaba quedarme con los brazos cruzados o ayudando a mi abuela a regar la plantas, a la sombra. Sin agacharme ni pasarlo mal. Entiendo, por tanto, que tengo motivos para quejarme y lo comparto. Soy un sufrido. Cada lamento que sale por mi boca es contrarrestado tímidamente con un comentario sobre lo que nos rodea. O sobre su vida, tan distinta a la mia.

Ya estamos acabando, y él, por fin, se ha quitado el gordo chubasquero que llevaba. Al terminar y recoger, mi abuela le ofrece unas cebollas que aún quedaban por ahí, le agradece el esfuerzo y nos dice que nos paga al llegar a casa. Mencionar que a mi me pagaba más que cualquier periódico por el mero hecho de ir a visitarla. Pero el moreno se niega. “Conchi, pero si ya me has dado cebollas”, dice como si el sistema de pago fuese el trueque. Mi abuela insiste, le recompensa por una hora de esfuerzo y ponemos rumbo a casa. Él tiene que trabajar, de verdad. Lo de ahora no era más que el calentamiento o algo así, una pequeña ayuda desinteresada a una casera agradable y que recientemente ha enviudado. Un verdadero acto de solidaridad. Yo jamás lo hubiera hecho, o siquiera imaginado, si no estaría aquí, lejos de mi vida.

Obviaré toda reflexión referente a que un tipo negro haya venido a España, a un pueblo cuyos habitantes cuenta con los dedos de la mano de su hija y su mujer, a algo más que a robar. O que su empeño en el trabajo bastaría para sonrojar a la mitad de los ciudadanos de este país. Usar esos argumentos sería tan fácil como superficial.

Reconozco que en algún momento de la jornada he tomado alguna foto del lugar, de esas que luego subes a las redes sociales y que la gente te agradece con un “Me Gusta”. Las sacaba porque estaba en un lugar extravagante para el 99 por ciento de mi comunidad, y quería que pensaran que soy un tipo distinto, que no se saca un selfie en el campo o posa con el conjunto de hierbajos al más puro estilo turista asiático que visita por primera vez Europa. Aunque reconozco que se me pasó por la cabeza, yo quería mostrar una imagen distinta en mi pequeño mundo. Dios sabe si de un buen nieto que ayuda a su abuela o de un tipo profundo.

La realidad es bien distinta, lo único que me separa de aquellos con los que me quiero distinguir son estas líneas y el honesto reconocimiento de mi indiferencia. Esa que nos define como personas y que trato de hacer callar con estas líneas.

Estamos vacíos. Vamos de aquí hacia allá y vivimos vidas que no entendemos, que jamás sabremos que hemos vivido. A mi me aterra la certeza de mirar atrás y ver el mundo a través de una burbuja. Llegar arriba y no saber quién está abajo. Siento miedo de que mi ambición desemboque en indiferencia. A perder la sensibilidad llenando papeles vacíos, que no remuevan conciencias ya aletargadas. Que el foco esté en mí, no en él. En ellos.

Quién soy, quién habré sido cuando mire atrás. Ese que nació, se reprodujo y murió. O seré también el que hizo todo lo posible para vencer la indiferencia, remover ideas y hacer del lugar donde vivió un sitio mejor.

¿Por qué no pitar el himno de España en la final de la Copa del Rey?

Son la 21:30 y va a dar comienzo el partido del año para el Athletic. Es su final, y la de todo Bilbao… La mitad de la ciudad está en Barcelona y la otra en las calles bilbaínas con el único deseo de ver la gabarra surcar la ría. Saltan los jugadores al campo y antes de que se produzca el saque de inicio, suena el himno de España. Pitos.

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”, que dice uno de esos memes que circulan en las cuentas filosóficas de Twitter. También, el Artículo 19 de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” dice que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Así que adelante, piten.

 

1. Felicidades por pitar el himno. Has manifestado públicamente tu ignorancia. Da igual si es el de España o el de Francia, cuando pitas el himno de España no pitas al presidente de un Gobierno corrupto, tampoco a la Guardia Civil que ha torturado a una buena cantidad de presos, tampoco a las anteriores Ejecutivas que han alejado a los presos políticos (y a los terroristas) de sus casas, ni  los que actualmente lo permiten. No pitas a un Rey, ni a su opaca fortuna y mucho menos al sistema.

Cuando pitas el himno, pitas una frase de dieciséis compases, dividida en dos secciones, cada una de las cuales con cuatro compases repetidos que representa tanto a mi abuela que vive en Galicia, como a mi casero que vive Madrid. Para ellos es una falta de respeto, la cual, puedes llevar a cabo de forma tan libre como ignorante.

2. Pitar el himno hace que te alejes del porqué de su pitido. Entiendo que pitar el himno es un acto de desobediencia, que trata de enviar un mensaje de forma premeditada y publicitada. En términos de comunicación, lo único que consigue es proyectar una imagen hostil de lo que tratas de comunicar. Desvirtuar lo que tratas de decir y lo reduce, en el imaginario de los que no entienden el porqué del pitido, a un “ya están los vascos y catalanes haciendo gilipollas”. Fomentas, por último, el estereotipo de nacionalistas borregos que han pretendido hacerse eco de sus legitimas protestas quemando contenedores. No ganas. Asúmelo.

Intentando abstraerme de las memeces electorales que dicen desde el PNV (pide que suenen los himnos catalán y vasco para evitar la pitada al español), el Real Decreto 1.543/1997, de 3 de octubre por el que se regula el himno nacional, dice muy claramente que en los actos oficiales en los que asista el rey (me niego a ponerle mayúsculas) sonará en versión completa. Si realmente lo que quieres es que la Copa de fútbol de España no se llame Copa del Rey de España (y por el ley oblige a hacer sonar el himno) o mejor aún, que te dejen decidir si votar una Monarquía o una República, protesta contra eso. Pero no pites un himno que representa a buena parte del país en el que vives, y si tampoco te gusta eso, levántate contra ello.

Captura de pantalla 2015-05-30 a la(s) 08.51.45El Barça y el Athletic se han negado a llevar los colores de la bandera de España en la final de Copa y llevaran en su lugar un logotipo dorado de la Copa. Bien, eso es un acto de protesta contra la Copa de España. En este aspecto, por favor, los del otro lado no caigáis en el error conservador de decir que si no les gusta una competición española, que no se apunten. En primer lugar, se apunta un equipo y no una afición. Y mientras un equipo sea parte de un país, tiene derecho a jugar sus competiciones así como a manifestar su desagradado porque le niegan el derecho de autodeterminación.

 

3. No seas un borrego en manos de los políticos que han dilapidado tu dinero. Pitar el himno de España es un acto político y cuando se produce, los partidos nacionalistas se frotan las manos. Han logrado que traduzcas tu indignación contra lo que debiera ser su tarea en el fútbol y en el pitido a un himno. En realidad son ellos que te han hecho odiar a un Gobierno que no ha hecho nada que no haya hecho el tuyo. Volcar tu ira en un nacionalismo sin sentido que te evite pensar en cómo la sociedad ha llegado a una situación insostenible es un graso error. Y es lo que pretenden alimentar desde algunos partidos políticos.

Cuando el genio del presidente del PNV pide reflexionar sobre por qué dos de las mejores aficiones pitan un himno, dice también que ni se te ocurra darle una vuelta a lo que ellos han hecho para que estés en el barro económico en el que te encuentras. Tanto CiU como el PNV son un ejemplo es sus respectivas ciudades de gestiones ineficaces. En Barcelona, por cierto, se han dado cuenta y han elegido otra opción. Aquí, no.

¡Aupa Ahtletic!, oigan.

P.D: Ada Colau, la opción que ha elegido Barcelona, ha justificado la pitada al himno porque expresa protesta. Ada Colau tampoco no ha entendido nada.

¿Qué significa votar al PNV?

El PNV se impone en Euskadi y logra el triplete en las elecciones a las Juntas. (Bizkaia, Áraba y Gipuzkoa) También gana en Donostia, arrasa en Bilbao y sobrevive en un Vitoria donde reina la xenofobia institucional. Es una evidencia que los ciudadanos vascos han votado NO al cambio. Lo que quizá no sepan muy bien es a qué han votado:

1. El PNV avala la ley del PP que refuerza la implantación del ‘fracking’. Es decir, poner en jaque el medioambiente y entorno verde vasco. Las consecuencias de esta técnica de extracción de gas explotando el subsuelo  contaminan el agua que bebemos, el aire que respiramos y el suelo que pisamos, entre otra decena de efectos que provoca. En este sentido, también habéis votado en favor del fraude de Urkullu con el fracking y su alianza con dos empresas norteamericanas para abrir pozos en Euskadi.

2. El PNV, entre otras cosas, es un mago en lo que a dilapidar el dinero público se refiere. Desde el BEC, con 330 millones de deuda, y que recibió otros 30 millones no hace mucho; hasta el fracaso estrepitoso de la Supersur, que destrozó El Regato. Pasando por las ayudas públicas ilegales a Habidite, caso en el que el Tribunal General de la Unión Europea tuvo que atizar al siempre “sensato” Diputado Foral, José Luis Bilbao.

3. Nueve apellidos vascos imputados por una presunta trama de cobro de comisiones. Eso de que en Euskadi no se folla es un mito tan grande como que no hay corrupción. Destacados miembros del PNV: Iñigo Camino, el ex asesor del actual presidente Andoni Ortuzar y Juan Cruz Nieves, exalto cargo de la Diputación de Bizkaia cobraron salarios por casi 300.000 euros sin ir a su puesto de trabajo. A estos ejemplos se le puede añadir el juicio por prevaricación a un ex de EA ‘fichado’ por el PNV en Muskiz y otros cuantos sobre comisiones ilegales y proyectos automovilísticos. Además, la corrupción planea sobre otra decena de casos. Más: ‘El caso Bidegi’.

4. Si eres un pequeño comerciante estás jodido. La maravillosa gestión del Ayuntamiento de Bilbao para mantener la imagen tradicional de la ciudad pasa por conceder licencias hosteleras a grandes franquicias en el Casco Viejo y echar a las tiendas de toda la vida del barrio. En un mes, 10 comercios se verán abocados al cierre. Muchos ya lo han hecho. 10.000 personas han pedido en Change.org que se ponga fin a esto. (Lo digo porque aún podéis evitarlo)

5. La idea que tiene el PNV sobre lo que es el ejercicio del Periodismo dice mucho de lo que entienden por una sociedad plural, informada y que se preste a un debate de calidad sobre temas clave. Durante la campaña electoral, los jeltzales – y en especial la candidatura del que será alcalde de Bilbao- vetaron a un medio digital, y a sus lectores, por ser críticos con su gestión. Por otro lado, el Gobierno vasco pagó 20.415 euros a medios afines por ‘informaciones’ contra la ‘ley Wert’, otros 17.500 euros por seis reportajes en medios amigos y, como denuncio UPyD, un tercer caso de reportajes encargados por el Ejecutivo al Grupo Noticias (Deia) sin indentificar que se trataba de publicidad pagada. Van 41.500€, y los que no sabremos.

6. Por último, no podría terminar este ilustrativo post sin mencionar al Ahletic Club de Bilbao. Mientras entonaban el ‘Zu Zara Nagusia’ y ‘Gu Euskaldunak Gara’, el PNV impedía que hubiera garantías laborales en las obras públicas del nuevo San Mamés. Según se denunció en su momento, el 80% de los trabajadores de un campo pagado al con buena parte del dinero público eran portugueses y el 10%, rumanos. No es la primera vez que sucede. En anteriores ocasiones ya se expusieron quejas por las condiciones de contratación de trabajadores.

El negro sin nombre y la bala blanca que atravesó un corazón vacío

No sé escribir, aún, nada que no haya sido escrito ya. Poco más que contar de otra forma la historia de siempre puedo. Los textos bellos cuentan muchas veces las realidades más feas y reacrean las historias más duras. Sólo sé observar cada momento, descifrarlo si acaso  y preguntar lo que desconozco. Después, escribo la realidad y la pongo al servicio de quien quiera verla o leerla. Mi trabajo termina ahí. Es más que muchos otros, pero no sirve de mucho. Es insuficiente.

Son las 12 de la noche, es uno de esos días en lo que te das cuentas de lo que tienes y lo agradeces regalándote un momento alejándote del mundo. Fuera no llueve, diluvia. Y el sonido de la música de ese bar de playa reconforta casi de la misma forma que la galletita de chocolate que endulza un taza de té. Es árabe, o eso dice la camarera. Saco un par de monedas que me sobran del bolsillo, las entrego y vuelvo a mi sitio. Con la gente de mi mundo y con la que hace posible que sea un lugar mejor. Sé que mi camino seguirá una vida, o al revés. Y que ellos, estén dónde estén, irán conmigo.

Me encuentro absorto conversando con ellos y no veo más allá que las palabras que cruzamos como estocadas. Entonces, aparece alguien por la puerta. Al principio parece uno de esos engreídos que pueblan el lugar en busca de un lugar donde dejar caer muerto su ego. Pero no. Él es distinto, es alguien que no tiene dónde dejar caer su ego porque siquiera tiene dónde caerse muerto él.

Yo no le había visto la cara hasta que se acercó. Parecía uno más de esos tipos que de cuando en cuando entran en los bares y te molestan con sus cosas de pobres. O eso había llegado a pensar mi egoísmo disfrazo de caridad a veces. ¿Quieres …? y antes de que responda ya le has negado el derecho a seguir hablando. Da igual si vende películas con una carátula impresa en papel mojado, (llueve; ¿recuerdan?), un par de pulseras de madera sin ningún brillante o uno de esos palos que ahora están de moda con los que agarramos  nuestros teléfonos de última generación para inmortalizar cada momento de nuestra estupenda vida. A mi me da igual. Estoy agusto y le mando callar con mi negativa. No le doy pie a contraargumentar, y si lo hace, me enfado. Le miro, entre cabreado e indignado, porque no me ha entendido la primera vez, y con un tono más alto le digo de nuevo: NO. A veces, al no, le sigue un “gracias”. Quizá, creo, eso me haga mejor persona. Ser educado aunque sea un cabrón de mierda me haga mejor persona. Quizá.

Pero ayer fue diferente. Cuando me volví para seguir el ritual de siempre con las personas que no son de mi mundo, vi algo que me sobresaltó. Fue, y no exagero, como si el frío se apoderara de mi. Se coló en lo más profundo de mis entrañas como el perdigón que perfora una lata. Entonces, la bala suele hacer un pequeño agujero por dónde sólo cabe ella.

 

La historia, así cómo la escribo, suena hasta bonita. Esa es la intención. Camuflar las realidades más duras con bellos textos que hagan que la miréis. Entreneros y hacer que sigáis leyendo hasta que yo quiera desvelar el final. Suena estúpido.

 

Allí no había nada fuera de la común. Él sólo era un joven poco más pequeño que yo que iba mesa por mesa molestando a los clientes. Él no obtenía más respuesta que la negación. Una veces disfrazada con un tono agradable, otras con una pequeña bronca en la mirada. Ese tipo, que bien podría ser yo si hubiera nacido en otro lugar, no tiene futuro.

19 años, o menos, bagando por un lugar al que sólo se llega tras un rato en el asiento de un autobús viejo. Como de suburbio del Bronx (imagínense así al negro volviendo a casa, si la tiene) Mendigando un poco de compasión. Abrazándose a la vida por una sonrisa que además, le de unas monedas. De él no sé nada. Ni su nombre ni su historia. Dudo que algún día lo sepa. Dudo, incluso, que le vuelva a ver y que recuerde su rostro. Por eso escribo esto.

Parece duro. Tanto como para echarse a llorar, que es lo de lo único que tuve ganas en ese momento. Y no por que yo lo tenga todo y él nada. Tampoco porque sea una lástima ver a un tipo que al principio de su vida ya tiene escrito su final. Llorar porque cada día que pasa elijo mirar a otro lado y darle la espalda. Llorar por todos los que elegimos apartar la vista cuando cientos, miles, millones, o tanto sólo uno, vive una vida que no eligió . Llorar porque es una sentencia que tomo, tomamos, cada día y que seguiremos tomando hasta el fin.

Primer día de elecciones en Madrid

Desde las 12.01 de esta noche, los partidos políticos y los candidatos a la alcaldía de Madrid están en campaña. Durante 19 días todas las caras conocidas del ámbito político en el que haya comicios sacan los malabares y la propaganda se vuelve abrumadora. Los expertos dicen que la campaña electoral no mueva la balanza en más de un 10%, pero sí sirve para afianzar los frutos recolectados anteriormente. Fundamental en un contexto en el que la volatilidad del voto voto puede ser crucial.

CEZjsrcW0AEg229

 

En el CIS de abril, realizada hace tres semanas (cuando Ahora Madrid era tan poco conocido como El Rubius antes de que llegara Youtube) el PP ganaría en la ciudad de Madrid. Dato muy relevante es la intención directa de voto. Ahora Madrid estaría muy cerca.

Partido Popular: Nueva propaganda, misma política

Las encuestas dan al PP como el partido más votado tanto en la Comunidad de Madrid, como en el Ayuntamiento. Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre serían respectivamente las ganadoras de los juegos de Madrid. La predecesora de la autora del relaxing cup of café con leche ha comenzado una campaña centrada en captar al electorado perdido durante estos años en los que la recuperación vendida no hacía acto de presencial. Para rescatar y hacer aflorar el voto conservador, el PP ha optado por una estrategia doble. Vender un perfil más “light” y limpio como Cifuentes y otro a la derecha de la derecha para movilizar a ese votante de toda la vida desencantado. Aunque en la campaña que vayan a seguir sea fundamental que se complementen y parezcan amigas del alma, Aguirre va por libre.

Para alzarse con el pastel, han optado por nuevas formas de comunicar. Desde el uso de emoticonos y (una idea muy acertada y efectiva) y microvídeos, hasta el intento por vender una comunicación bidireccional con los ciudadanos, como es el caso del: #ConoceatuCandidato. El uso de las redes sociales es una de las máximas del PP, pero de momento, les ha salido caro. El primer hashtag que han propuesto, #VotaPP, se ha vuelto en su contra. También la creación de virales y memes graciosos va a ser una constante.

Otro punto novedoso es el de llenar Madrid con la cara de las candidatas.  Un total de 900 taxis mostrará en sus puertas publicidad de la campaña del PP. Los vehículos tendrán también folletos con los principios de Aguirre: defensa de la libertad, la vida, la propiedad y el Estado de Derecho. Propuestas estas con términos tan generales que nadie se puede negar a ellos.

Pero por mucho que “innoven” en la comunicación, la política del PP sigue siendo la misma. Apelar a la confianza que vende Rajoy, el partido de la comunicación y el ataque a Podemos. Aguirre, siempre diestra en su comunicación, está demostrando un lenguaje algo ambiguo con Manuela Carmena, su principal oponente. Está dejando ver sus carencias en ese aspecto, y las puede pagar caro.

Ahora Madrid: nueva política, comunicación mejorable.

No voy a esconder mi preferencia por esta formación, ya que no sería honesto. Pero expongo los hechos:

El programa de Ahora Madrid es nuevo. Desde las propuestas participativas (el programa es colaborativo) hasta el sinfín de elementos para combatir la desigualdad y atajar la pobreza. También, muchas propuestas para hacer de Madrid un lugar en el que se puede vivir. La candidatura que aúna a diversas formaciones de la izquierda tiene ese mismo problema, que sólo piensa en la izquierda. Aciertan en muchos aspectos: tienen un manejo soberbio de las redes sociales, saben cómo llegar a sus votantes y cómo llegar a todo ese nicho. No, como llegar al otro 48% de los votantes que no conoce a Manuela Carmena (El 90% conoce a Aguirre).

La estrategia pasa por cargar contra Aguirre para darse a conocer, dar que hablar y pasar de las redes a la tele, ahí dónde todo candidato aspira. El problema es la forma. En los tuits de Carmena, esto se realiza de manera inteligente y con las palabras medidas, no sucede lo mismo cuando se tuitea desde el perfil institucional. Y es un error. Una de las diferencias de la candidata de 71 años es que por primera vez ofrece un debate de calidad, una campaña seria y alejada del circo que montan el resto de candidatos. De esta fortaleza debe hacer su máxima Ahora Madrid. Los que llevan la comunicación de esta formación maduraron en el 15M y son grandes expertos en movimientos sociales, pero un partido que aspira a ganar tiene que ir más allá del lenguaje y técnicas comunicativas que se usan ahí.

Personalmente, creo que el objetivo debe de ser dar a conocer a Manuela Carmena (una candidata sensata para la que ha pedido el voto hasta la periodista más reputada de este país- Soledad Gallego-Díaz) y dejar de intentar llegar a quiénes ya ha movilizado. En ese aspecto, su spot electoral es un error. Este concepto parece que lo han entendido algo mejor desde Barceona. Ada Colau, candidata de Barcelona en Comú, ha creado un video viral en el que para bien o para mal ha llegado a cada esquina de internet. De lo cual, s e han hecho eco en televisión y en prensa. De eso se trata en Madrid. Tampoco le vendría mal a Carmena un poco de populismo del de Aguirre. Si hay que ir al Hormiguero, se va. Conservando siempre el mensaje, claro.

PSOE: La izquierda posible. El cambio tranquilo.

Este es el mensaje que va a repetir el candidato del PSOE a la Alcadía, Antonio Carmona hasta la saciedad. Lo que proclamó en innumerables veces en su discurso de inicio ed campaña la pasado noche, tiene un error fundamental: el cambio tranquilo es Ciudadanos, o esa es la percepción de la gente. Tampoco es mu diestro apelar a la “izquierda posible” cuando desde el propio partido reconocen que nadie les sitúa en ese eje (el CIS tampoco).

La estrategia pasa por sementar al votante y lanzarle el mensaje. Hoy, primer día de campaña, ha empezado con  los más mayores. Su posicionamiento es claro: mostrarse como el partido de la experiencia, y que al contrario que su rival -el PP- no es corrupto. El mensaje calará por el liderazgo de los candidatos y lo que dé de sí marca PSOE. Antonio Miguel Carmona es conocido por el 80% de los votantes y la percepción que la gente tiene de Angel Gabilondo es muy positiva. Es un tipo inteligente, calmado y con propuestas claras. Llegará hasta dónde le deje Ahora Madrid.

Ciudadanos: Albert Rivera, pon el bucle  y dale al play.

¿Quién conoce a Begoña Villacís o a Ignacio Aguado? Pues yo y los otros que consultamos cada minuto la actualidad política en nuestros bolsillos. Lo que proponga Ciudadanos da tanto igual como la campaña que hagan sus candidatos (bueno, si se meten con los extranjeros más puntos) mientras Albert Rivera haga acto de presencia. Cuantas más veces diga ‘naranjito’ que “Madrid Pide Cambio”, mayor será su posición en las encuestas. Por eso, la campaña la hace Rivera. Caso similar a Iglesias con Podemos en la Comunidad Madrid. El ejemplo más cercano es que ambos estarán el domingo en Viajando con Chester haciendo campaña.

Ambos se pelearán por el tercer puesto en la Comunidad de Madrid, y en el Ayuntamiento, como mucho, por el tercero con el PSOE.

Por último, antes de que todo el circo electoral empiece y el populismo se convierta en marea, dejo en el aire una opción. Manuela Carmena será alcaldesa (algo que me encantaría) con el apoyo del PSOE. Y el PSOE se hará con la Comunidad de Madrid (mi opción por descarte) con el apoyo de Podemos.

Considero que los que estamos al día de esta refriega política debemos tomar cartas e informar de la forma más honesta posible de lo que ocurre. Es imposible ser objetivo, pero sí veraz y crítico -sea con quien sea.

@ecanrog)ahref=https://twitter.com/ecanrog/status/596439743417704449Mayo7,2015/a/blockquotescriptasyncsrc=//platform.twitter.com/widgets.jscharset=utf-8/script">

@ppmadrid)ahref=https://twitter.com/ppmadrid/status/596629030025228288Mayo8,2015/a/blockquotescriptasyncsrc=//platform.twitter.com/widgets.jscharset=utf-8/script">

Podemos y el periodismo de corbata

Hoy, a pesar de que la opinión publica se conforma de una forma más plural que nunca, los grandes medios siguen atesorando un enorme poder para fabricar las ideas que más tarde son desenvueltas por muchos ciudadanos sin dedicarle un segundo de reflexión. Esto de por si mismo es malo, ya que unos cuantos líderes intelectuales eligen a sus coetáneos políticos con los que en muchos casos comparten algo más que ideas y cancha de pádel.

Generar un debate público de calidad en torno a la crisis, también política, que sufre el país es fundamental. No sólo para crear un pueblo consciente y crítico que aprenda para tiempos futuros, sino para que la voz de estos coja más fuerza que nunca. El problema llega cuando los medios de comunicación, esos grandes responsables de todo lo que se piensa, deciden frivolizar el debate hasta reducirlo hasta un punto en el que una mayoría poco informada (o desinformada) crea que “todos son iguales” y que más vale “malo conocido que malo por conocer”. El resultado es que la siguiente generación comentará el mismo error que nosotros. Algo fatídico porque permite hacer de la desigualdad un circulo vicio eterno: los ricos hacen dinero a costa de los pobres, y no sólo, ya que amasan más del que debieran, se endeudan y quiebran. Los pobres les rescatamos y caemos hasta el más oscuro de los pozos. Tardamos 10 años en recuperarnos y entonces volvemos a caer.

Siempre he creído que lo más interesante de Podemos es que pretende generar una ciudadanía consciente, que se involucre y participe para generar una masa social critica capaz de decidir lo que quiere, no lo que le digan. De verdad pienso que creen en ello y que deben gobernar para hacerlo. Me debo y comulgo con ese fin. No con los medios que han usado hasta ahora para lograr dicha hazaña. Es evidente que para lograr el debate requerido es necesario enseñar a ese alguien,  y para hacerlo, en este caso, hay que sentarse en la Moncloa. Pero si tu forma de llegar al Gobierno es: ” el cambio es ahora o nunca”, los medios con los que pretendes lograr ese fin difieren enormemente y vuelves a ser parte de “los de siempre”.

Afortunadamente, los últimos resultados electorales y la mafia que lleva gobernando este país durante tanto tiempo se lo han puesto más difícil que nunca. La cúpula de Podemos, parece, que ha decidido volver a la senda correcta y a los fines justos (esta afirmación Sócrates me la debatiría hasta la saciedad, pero sigamos). Hoy mismo, en radiocable, Juan Carlos Monedero hacía una lúcida reflexión que da muestra de ello. “A veces nos parecemos a quienes queremos sustituir”,  “Podemos deja de tener tiempo para reunirse con un pequeño círculo porque es más importante un minuto de televisión”. Siempre he criticado las borracheras de fama y reconocimiento público de este peculiar personaje, así como su nefasto trato con los periodistas y sus aspiraciones por ser el ombligo del país. Pero cuando la tempestad de halagos y la emoción del momento pasa y todos volvemos al lugar del que nunca debemos olvidar que venimos, reflexionamos y rectificamos. Es normal, y eso es lo que parece está haciendo Podemos.

Personalmente lo recibo con una gran alegría, ya que de nuevo, un debate público de calidad es más posible que nunca. El problema, y mi crítica llega de ahí, es cuando el periodismo de corbata hace acto de presencia. Esos tipos que nunca olvidan de dónde vienen porque vienen siempre de lo más alto, comienzan a mover los hilos y a hacer de todo esto una utopía. Cuando parece que el ruido mediático puede da lugar a una reflexión de calidad, llegan los medios y vuelven a frivolizarlo todo. A decirle al lector que no piense, que ellos se lo dan ya partido. Por supuesto, quienes manejan los cubiertos son “los de siempre” (perdonen por el vulgar lenguaje del texto, pero esto no es uno de esos Editoriales que pretende decirnos lo que tenemos que pensar y tengo prisa).

La crisis también ha afectado a los medios y periodistas, que ahora visten de corbata, como los empresarios a los que sirven. Hoy más que nunca la libertad de los medios cobra una especial relevancia. No es qué presente queremos, sino qué futuro vamos a dejar a la próxima generación.

*En la foto aparece Rajoy con el lobby del Puente Aéreo, del que son parte las empresas más grandes de este país así como los propietarios de grandes grupos de comunicación.

¿Por qué el Gobierno no puede multar a quienes publiquen informaciones bajo derecho de sumario? 

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha sugerido hoy la posibilidad de “sancionar” a los medios de comunicación que informen, mediante filtraciones, sobre casos que están bajo investigación judicial.  

De acuerdo a el Ordenamiento jurídico, el secreto sumarial se halla recogido en el artículo 301 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECr), que establece que las diligencias del sumario serán secretas hasta que se abra el juicio oral.

Por su parte, el Artículo 466 del Código Penal establece entre otros supuestos que el abogado o procurador que revele actuaciones procesales declaradas secretas por la autoridad judicial será castigado con las penas de multa de doce a veinticuatro meses e inhabilitación especial para empleo, cargo público, profesión u oficio de uno a cuatro años. Pero el medio o periodista no puede ser sujeto pasivo de este delito.

El periodista no solo tiene, según el artículo 7 de la Ley de Prensa e Imprenta, “Derecho a obtener información oficial”, sino que también está regulado su acceso a las fuentes según el artículo 16 Estatuto del Periodista Profesional. 

Además, la Constitución Española establece en el 20.1, el derecho a comunicar información veraz y el secreto profesionalEntendido por este, el reconocimiento del derecho del periodista a no revelar toda la información, o la manera en que ha sido conseguida, para proteger a las fuentes, a sí mismo y a su ejercicio profesional

Hablamos de que la protección de fuentes periodistas es una de las condiciones básicas para la libertad de prensa y el ejercicio de este derecho, según el artículo 20 de la Constitución, “no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”.

El Gobierno con este debate pone en duda el derecho de un periodista proteger de publicar sus fuentes confidenciales e información inédita, esencial para promover tanto el flujo libre de la información como el derecho del público a saber.

Es evidente que si bien desde un punto de vista legal el periodista se encuentra en alguna medida legitimado, desde una perspectiva deontológica la cuestión implica ciertas consideraraciones. ¿Justifica la información aportada el atentado contra el secreto impuesto por el juez?, ¿es verdaderamente trascendente o es simplemente vendible?

El ministro de Justicia ha lanzado un satélite al espacio periodístico para ver cómo reaccionan los medios. Es fundamental que el rechazo sean tan estruendoso como firme y unánime. La ultima vez que el Gobierno lanzó un debate similar, acabo poniendo una mordaza en nuestras bocas.

* Téngase en cuenta que este post ha sido escrito desde un móvil sin apenas conexión a internet y en medio de una carretera hacia ninguna parte.